Presentación > Arte > Creadores >

Velázquez

     Velázquez es uno de los más grandes pintores de la historia del arte. Su vida se desarrolla entre los años 1599 y 1660, en pleno barroco, y su obra reúne a la perfección toda la estética barroca. Pero su personalidad es tan fuerte que no siempre están presentes las señas de identidad más convencionales del barroco. Son contemporáneos suyos Zurbarán, Murillo y Ribalta en España y CaravaggioPronunciado /caravagyio/, Rémbrandt y Rúbens en Europa. Destacar entre estos genios de la pintura universal no está al alcance del talento de cualquiera.

     El barroco surge tras el agotamiento de las formas clásicas, el manierismo, y triunfa al ser apoyado por las instituciones que controlan el poder, la Iglesia, el Estado y la burguesía, ya que sirve como medio de propaganda. En el barroco existen dos tendencias que se confunden en el tiempo: la tendencia naturalista del tenebrismo que busca la verdad y la sinceridad retratando, incluso, lo feo y lo innoble; y el eclecticismo, el clasicismo renovado que recurre a las figuras miguelangelescas como modelo. La estética barroca produce obras de gran colorido y luminosidad. Es característico de él el tenebrismo, en el que la luz llega desde un lugar situado fuera del cuadro e iluminando una parte concreta. Crea, así, luces y sombras casi negras. También es característico del barroco el retrato de cuerpo entero, tanto de personal normales, como en grupo, como, y sobre todo, de grandes personalidades que utilizan la pintura como medio de propaganda.

     En la Corte, a lo largo del siglo XVI, habían trabajado grandes pintores en torno a la decoración de El Escorial. La corte de los Habsburgo tenía una de las mejores colecciones del mundo. Y seguían llegando los mejores cuadros de la vanguardia pictórica del momento. Se conocía la obra de Caravaggio y la escuela de los CarracciPronunciado /carracchi/, así como la escuela flamenca. El pintor que entraba a trabajar en la Corte tenía a su disposición, y de primera mano, lo mejor de la vanguardia artística. De ello se beneficiarán tanto Velázquez como Goya, más tarde.

Su vida

     Diego de Silva Rodríguez y Velázquez nació en Sevilla el 6 junio de 1599. Aprendió la técnica y el oficio de pintor en el taller de Herrera el Viejo. Sin embargo, fue cuando entró a formar parte del taller de Francisco Pacheco cuando comenzó su auténtica formación como pintor. A los dieciocho años su técnica es preciosista, y está teñida de un profundo naturalismo, propio de la época. Pinta, sobre todo, bodegones, con un tratamiento de la luz tenebrista. Posee un profundo apego a la realidad y se preocupa por los problemas de espacio. Trata también temas religiosos. Los cuadros religiosos son la fuente principal de ingresos para los pintores de la época. En estos cuadros el escenario se enriquece, incluso con la utilización de espejos. En cuadros como La cena de Emaús los ámbitos son fingidos, pero los personajes son reales: retratos. En esta época pina La Inmaculada, San Juan de Patmos, La adoración de los Reyes Magos, La vieja friendo huevos, La mulata y El aguador de Sevilla.

     En 1618 se casa con Juana Pacheco, hija de su maestro. Era costumbre, en la época, que las hijas de los maestros se casasen con los alumnos predilectos, con el fin de que el oficio quedase en la familia. En 1622 Velázquez tiene su primer contacto con la Corte, aunque viaja solo, y por su inexperiencia el viaje no resulta muy fructífero. A su regreso visita en Toledo al Greco, con el que queda impresionado, aunque no se puede decir que influyese en su pintura. Pintó, en este viaje, el retrato de Góngora. Este retrato impresionó tanto que al año siguiente, 1623, es llamado a la Corte y nombrado pintor de cámara. Este nombramiento supone para Velázquez un cambio decisivo, puesto que le permite, por un lado conocer el arte acumulado en palacio, y por otro cierta independencia económica. A partir de entonces no necesitará de las órdenes religiosas para sobre vivir, y abandonará los temas religiosos para abordar los mitológicos. El conocimiento del gran arte le permite perfeccionar y abandonar el tratamiento tenebrista de la luz.

     En 1628 Rúbens visita Madrid en su calidad de embajador flamenco. Conoce a Velázquez e influye en él. Además, le inculca la idea de viajar a Italia. Ese mismo año pinta el Triunfo de Baco, conocido también como Los borrachos, sobre un tema mitológico, en el que aparecen los torsos desnudos.

     Entre 1629 y 1631 hace su primer viaje a Italia, para conocer el arte del país. Fruto de ese viaje es su cuadro La fragua de Vulcano, en el que una vez más toca el tema mitológico. Visita Génova, Venecia, Parma, Roma y Nápoles donde pinta por orden del rey el retrato de Mariana de Austria.

     A su vuelta de Italia, y entre 1631 y 1649 recibe el encargo de la decoración del Salón de Reino, en el Retiro. Es la época más fecunda de Velázquez. En 1635 es un artista en plena madurez, pinta la Rendición de Breda, o Cuadro de las lanzas, con lo que introduce el tema histórico contemporáneo en su pintura. Narra la conquista de Breda, y será una de las obras del Salón de Reino. Organiza el cuadro en un espacio circular que gira en torno a los protagonistas. Se encuentran en el mismo plano los vencedores y los vencidos, y al fondo se confunde el paisaje de la batalla con las nubes del cielo.

     Velázquez es, ante todo, el retratista oficial de la Corte. Realiza los retratos de Felipe III, Felipe IV, sus mujeres, el conde-duque de Olivares, las infantas, etc. Pero también de los bufones y las gentes del pueblo que rodean a la Corte, como Pablo de Valladolid, un retrato genial por su tratamiento del fondo: un fondo neutro en donde no se distingue la pared del suelo más que por una sombra, que es la que crea el espacio. En los retratos de bufones la profundidad psicológica es mayor que en los retratos oficiales: Felipe IV cazador, Retrato ecuestre de Felipe IV, Baltasar Carlos en traje de cazador, Don Sebastián de Morra, Mariana de Austria, La dama del abanico, El príncipe Baltasar y su enano, La venerable madre Jerónima, Quevedo, etc.

     En esta época vuelve a pintar temas religiosos aunque con una gran sobriedad, como su Cristo crucificado, San Antonio abad o San Pablo el ermitaño.

     Velázquez no dedicó mucho tiempo al paisaje, La vista de Zaragoza, pero en sus Vistas sobre la villa de MediciPronunciado /médichi/ se adivina una técnica impresionista. Estos dos cuadros, junto con el último de su vida, La infanta Margarita vestida de rosa se consideran precursores del impresionismo.

     Entre 1649 y 1651 Velázquez hace su segundo viaje a Italia. Esta vez es ya un artista consagrado y admirado en todo el mundo, y su misión es adquirir o copiar obras de arte para el rey. Esto le abrirá las puertas ante todos los poderosos. En este viaje pinta su famoso retrato del papa Inocencio X. Posiblemente sea ahora cuando pinte sus cuadros de la villa de Medici. Retrata, también, a su esclavo Juan de Pareja, al que dará la libertad; y pinta cuadros de tema mitológico, como La venus del espejo, en el que se permite el desnudo, uno de los pocos desnudos del barroco español. Sin embargo, es un cuadro carente de sensualidad, en el que el centro de atención se fija en la cara reflejada en el espejo.

     En 1651 vuelve a España reclamado por el rey para pintar los retratos de la familia real. Como resultado pintará Las meninas, un extraordinario cuadro de múltiples problemas compositivos. Pero también toca temas mitológicos, como en Las hilanderas, en el que con la fábula de Aracne presenta su visión del trabajo contemporáneo y cotidiano.

     Velázquez continúa pintando y produciendo obras de arte hasta su muerte el 6 de agosto de 1660.

Su arte

     La naturaleza, la luz y el movimiento son preocupaciones comunes a todos los artistas del barroco, pero es Velázquez quien da las soluciones más originales, y quien mejor resuelve los problemas.

     En el tratamiento de la naturaleza muestra un profundo sentido del equilibrio, lejos del extremo realista y la mitificación espiritual. Rara vez toca temas hondamente dramáticos para mostrar su realismo, así como tampoco se prodiga en los temas religiosos. Cuando se adentra en estos campos reduce el dramatismo a la mínima expresión, con un profundo sentido de la serenidad y un gran equilibrio espiritual.

     En cuanto a la composición de sus cuadros, no hace una mera descripción plástica de los objetos que pinta, ni siquiera en su juventud. No copia, inventa sus composiciones. Parecen escenas captadas de la realidad como en una «fotografía». Sin embargo, ha existido un profundo trabajo de composición.

     La luz es, en Velázquez, un elemento esencial de su visión de la realidad. Utiliza el claroscuro, pero alejado del tenebrismo. Capta los efectos distorsionadores el aire interpuesto entre los objetos, lo que se conoce como perspectiva aérea. La luz no sólo ilumina los objetos dando sensación de volumen, sino que también ilumina el aire, lo que hace que las formas pierdan precisión con la distancia, así como color y limpieza. Todas estas características se observan en cuadros como La fragua de Vulcano, El lavatorio, Las meninas o Las hilanderas.

     Desde su nombramiento como pintor de cámara, su paleta se aclara y abandona el tenebrismo, adoptando una gama de colores muy variada y con muchos matices: una paleta muy personal. El color lo aplica con moderación, en pinceladas sueltas.

     El movimiento se crea a través de la luz y la perspectiva aérea. En este sentido es emblemático el cuadro de Las hilanderas, donde el movimiento se observa en el telar.

     Velázquez ha sido, sin duda, uno de los más grandes pintores de la historia, que ha traspasado los límites de su época para convertirse en un referente universal.

Volver


Todo el contenido se distribuye según la GNU Free Documentation License 1.2
Web recomendada Enciclopedia Libre en Español

directNIC Search
Hosted by directNIC.com