En el arte románico se da la liberación del peso del tema. Aparecen el pantocrátor, el Cristo en majestad, el Hijo de Dios omnipotente, la Virgen de los cielos, etc. Todas las señales de identidad del universo iconográfico cristiano.
El arte comienza a preocuparse por la representación de la naturaleza cuando se empieza a ver en ella la obra de Dios, y por lo tanto es, también, digna de ser representada. Un proceso que comienza en torno al año 1000. Es la época de Bizancio y la del gótico, pero sin abandonar su función didáctica y su expresividad, ni su intención de conmover. La obra de arte pasa de ser belleza sentida a ser belleza espiritual, gracias a su simbolismo transcendente.
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