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Geografía de Europa

Relieve

     El relieve europeo no es excesivamente complejo, básicamente se organiza en torno a una gran llanura central rodeada de regiones montañosas más o menos antiguas. Sin embargo, aunque la llanura es lo dominante (el 66% del territorio no supera los 200 metros de altitud) la influencia de las montañas es notable. La combinación de montaña y llanura da al territorio una variedad ecológica muy valiosa, lo que ha permitido explotar gran cantidad de recursos. En Europa las montañas no han constituido obstáculos insalvables, más bien lo contrario, son regiones de contacto. Las mayores elevaciones son: Elbrus (5.633 m), Mont Blanc (4.807 m) y Mulhacén (3.478 m).

     Pero el rasgo más destacado del relieve europeo es la constante presencia del mar, gracias a lo recortado de sus costas. Europa tiene más de 43.000 km de costas; y ninguno de sus puntos se aleja tanto del mar como para no recibir su influencia, aunque la orografía tenga mucho que decir en ello. Esto permite la entrada de las masas de aire marinas mucho menos contrastadas que las continentales. El clima europeo es dulce y agradable, con cuatro estaciones muy marcadas. Los mares han facilitado la comunicación entre los pueblos de Europa. En sus costas se encuentran con facilidad puertos naturales, fiordos, rías, golfos, etc. Son de destacar a este respecto dos regiones: la del mar del Norte y el Báltico y la del Mediterráneo.

    En Europa encontramos gran cantidad de penínsulas, cabos, golfos, estrechos e islas las más importantes son:

Penínsulas: Kola, Jutlandia, Escandinavia, Iberia, Italia y Balcanes.
Cabos: Norte, Punta de San Mateo, Finisterre, Roca, San Vicente, Gata, Spartivento y Matapan.
Golfos: Botnia, Finlandia, Vizcaya, León, Génova y Venecia.
Estrechos: Canal de la Mancha, Gibraltar, Messina, Dardanelos y Bósforo.
Islas: Islandia, Británicas, Baleares, Córcega, Cerdeña, Sicilia y Creta.
     Podemos distinguir siete conjuntos fisiográficos: la gran llanura europea, que es extiende desde los montes Urales hasta el río WeserPronunciado /véser/ en Alemania; las llanuras atlánticas, continuación de las anteriores, desde el río Weser hasta las Landas y el Pirineo; las llanuras interiores, que son depresiones intramontañosas; las llanuras litorales mediterráneas, estrechas y orientadas al Mediterráneo; los viejos macizos hercinianos y caledonianos, que organizan en torno a sí el relieve; y los arcos alpinos, las montañas jóvenes de la última orogenia.

     Costas, llanuras y montañas conforman escenario único en el que se desarrollan las civilizaciones que están dominado el mundo.

Historia geológica

     Las primeras tierras emergidas pertenecen al Precámbrico, son los escudos del norte y del este del continente. Desde que emergieron han estado funcionando como superficies de erosión, por lo que las formas que encontramos en ellos son suaves y redondeadas, y los materiales muy duros, como corresponden a las raíces profundas de las antiguas cordilleras (granitos, gneis y pizarras). Pertenecen a este conjunto las regiones de Escocia y el escudo escandinavo, y la gran llanura rusa. Estos conjuntos aparecen durante la orogenia huroniana.

     Durante la orogenia caledoniana, a comienzos del Paleozoico, aparecen las regiones del norte de Europa. Surgen las tierras septentrionales, desde Irlanda hasta Escandinavia, rejuveneciendo las formaciones escocesas. Los relieves caledonianos se forman sobre materiales muy duros y muy desgastados. La norma es el relieve apalachense, pero también hay restos de fenómenos volcánicos. Es extiende desde el centro de Irlanda, al norte de las Islas Británicas y por el escudo escandinavo, lo que quiere decir que ha estado intensamente afectado por la morfogénesis glaciar hasta una altitud muy baja; los fiordos son valles glaciares inundados por el mar.

     En la orogenia herciniana aparece el grueso del continente europeo. En realidad surgen los macizos montañosos desde el oeste hasta el este: el macizo hespérico, el de Bretaña, el central francés, el de Bohemia, el de los Urales, etc.; entre los que se sitúan depresiones poco profundas que se irán colmatando a lo largo del Mesozoico y el Terciario, haciendo surgir la mayor parte del continente. También aparece el mar de Tetis: el gran geosinclinal con el que se formarán las montañas alpinas. Hoy en día, ese relieve está totalmente peniallanado, aunque en muchos sitios ha sido rejuvenecido por la orogenia alpina. Las cordilleras hercinianas se convertirán en macizos antiguos, cuando estén completamente arrasadas. Los bloques elevados muestran materiales metamórficos muy duros, más duros cuanto más al interior estén, como el granito, el gneis, la pizarra, etc. Estos macizos se rejuvenecerán durante la orogenia alpina creando relieves de horst y graben en los que aparecen restos de relieve apalachense, como en el macizo central francés, el macizo de Bohemia o el macizo hespérico. En las zonas de borde de los escudos aparecen materiales esquistosos como el flysch, de las Ardenas o el Harz. En lugares como Sistema Ibérico las zonas cubiertas por materiales sedimentarios tendrán pliegues de cobertera. En los macizos rejuvenecidos aparecerán batolitos y fenómenos de vulcanismo. Encontramos estos elementos en la cuenca del Loira y el Allier, en el Rin medio, en la cubeta de Bohemia, en el macizo central francés o en el Sistema Central ibérico.

     Durante el Mesozoico todo el conjunto actúa como superficie de erosión, quedando totalmente arrasado. Los materiales se acumulan en las inmediaciones de los grandes macizos. Aparecen así las grandes llanuras europeas y las llanuras intramontañosas, sobre bloques hundidos. Se colmata también el geosinclinal de mar de Tetis. Además, durante todo el período se dan regresiones y transgresiones marinas que labran superficies de erosión a diferentes niveles. Las regresiones y transgresiones más importantes tienen lugar en diferentes pisos del Triásico, el Jurásico y el Cretácico, durante los que se acumulan gran cantidad de sedimentos. El relieve dominante es la llanura y la campiña, con mesetas y oteros. En el Mesozoico encontramos grandes conjuntos sedimentarios en cubetas, como la cubeta Londres-Flandes-París, de facies marina y en la que los materiales se organizan concéntricamente. Pero, además, se colmatan las fosas tectónicas interiores, con materiales de facies continental, como en los Sudetes o en el macizo de Bohemia. Son regiones suavemente onduladas. Fosas de este tipo encontramos, también, en el interior de los macizos antiguos, pero sedimentadas en el Terciario, como la llanura de Saona o las mesetas ibéricas. Frecuentemente tienen detritos mixtos, marinos y continentales, del Terciario y el Mesozoico. Estas regiones que sedimentan el interior de los macizos antiguos se ven afectadas por la orogenia alpina que genera pliegues de cobertera.

     Durante el Terciario, tiene lugar la orogenia alpina, que en Europa tiene su momento culminante durante el Mioceno. En la orogenia alpina se pliegan los materiales acumulados en el geosinclinal del mar de Tetis, pero, además, se rejuvenece los macizos antiguos hercinianos. El relieve que presenta, pues, es el típico relieve alpino de crestas vivas, mantos de corrimiento y pliegues, pero, también, el relieve de horst y graben propio de las regiones fracturadas con bloques elevados y hundidos. Durante la orogenia alpina surge el sur de Europa: Cordillera Cantábrica, Pirineos, Alpes, Cárpatos y la península de Crimea por el norte; y la cordillera Bética hasta Mallorca, Apeninos, Alpes Dináricos, Balcanes, Creta y Chipre por el sur. Este relieve se organiza en torno a los escudos hercinianos, mucho más duros.

     Durante el Cuaternario se configura el relieve actual, ya que todo el conjunto comienza a actuar como superficie de erosión bajo todos los climas. Las huellas de este retoque se observan en todas partes, ya que han modificado de manera relevante la configuración inicial, hasta el punto de invertir el relieve. Las épocas más activas, bajo el punto de vista de la erosión, son las de rexistasia, frente a las de biostasia. Son épocas de rexistasia los períodos áridos que modifican las formas, sobre todo en el sur, y las épocas de glaciación que afectan a todo el continente, aunque de manera más eficaz al norte. Es en esta época en la que encontramos formas de acumulación y revestimiento, fenómenoshidroeustáticos, glacioeustáticos e isostáticos como los que formaron las rasas marianas. Las glaciaciones tienen un patrón de incidencia norte-sur muy marcado. Los sistemas morfogenéticos del cuaternario son los responsables de relieve actual.

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