Aquí florecieron las culturas de El Fayum, hacia el 5000 a.C., la de Tasiense, hacia el 4500 a.C. y la de Merimda, hacia el 4000 a.C. Tras estas culturas aparecieron la baderiense y la amratiense, hacia el 3800 a.C., que basaban su economía en la agricultura, la ganadería, la caza y una industria lítica muy refinada. Fueron los primeros en aprovechar racionalmente las crecidas del Nilo. Hicieron embalses y canales para el riego. Conocieron el cobre, probablemente los primeros. También tendrán manifestaciones artísticas: como los bajorrelieves, el marfil, la madera y los metales: cobre, oro y plata. En algún momento, en la sociedad amratiense, fue posible que algunos de sus miembros no cultivasen la tierra. Fueron mineros, comerciantes y artistas; lo que supone la existencia de excedentes agrícolas y su centralización, que implica que hubiera de una clase administradora. Nace así el poder político, que se ocupará también de la administración de las tierras y el regadío. Como consecuencia, comienza, también, la escritura.
Hacia el año
3600
a.C.
aparece la cultura
gerzeense,
que se difunde
por todo Egipto unificándolo. Esta consonancia cultural llevará
a la unidad política, que surgirá tras un periodo de luchas
entre clanes para imponerse. En torno al año 3200
a.C.
aparece por primera vez, en Egipto, la figura del soberano: el faraón,
que se conoce como Menes, y que pudo haber sido Scorpios, Narmer o Aha
,
y es convencionalmente el primer faraón. Unificó el alto
y el bajo Egipto y fundó Menfis.
La política
de los faraones fue marcadamente centralizadora, aunque siempre
persistió
la diferencia entre el norte y el sur.
La cultura Egipcia
está dominada por la vida de ultratumba, para la que se cuidaban
los enterramientos (mastabas y pirámides), el culto a los muertos
y los templos: lo más característico de Egipto. Egipto se
mantendría hasta el Imperio romano, aunque fuera conquistado en
varias ocasiones.
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