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Los pueblos íberos

     Tradicionalmente se ha considerado a los íberos como los habitantes de las regiones costeras desde el cabo de Palos hasta el estrecho de Gibraltar. Sin embargo, para los antiguos, íberos eran todos los habitantes de Iberia. El nombre es, posiblemente, griego aunque nos llega a través del latín. Estos son los primeros pueblos que escapan al anonimato, por las referencias históricas que de ellos se tienen. Su localización espacial es imprecisa, y probablemente cambiante. A menudo no va más allá de una ciudad y su zona de influencia. Los pueblos más destacados son: los sordones, en la zona del Rosellón; los indigetes, en el Ampurdán; los layetanos, en Barcelona; los cosetanos, en Tarragona; los ceretanos, bergistanos, andosinos, ilergetes, lacetanos, sedetanos y airenosos, en el valle de Ebro y Pirineos; los ilercavones en Sagunto; los edetanos en el Júcar, los contestanos en el Segura; los mastienos más al sur; y los bastetanos y turdetanos en Andalucía. Algunas de sus ciudades tendrán gran importancia, como Sagunto, Ilici (Elche) o Numancia.

     Su economía se basaba en el desarrollo agrícola, de un nivel técnico muy alto, parecido al romano. Cultivaban trigo, olivo y vid, la clásica trilogía mediterránea, así como árboles frutales y verduras, y plantas textiles. La ganadería era complementaria; y la minería continuaba teniendo importancia, por su mercadeo con los colonos, principalmente cartagineses. Esta relación les lleva a un rápido proceso de urbanización y a utilizar la moneda, por lo que cuando lleguen los romanos su labor será más fácil.

     En su organización política se distinguen dos formas: la monarquía y la república. La monarquía, la turdetana es la más evolucionada, se desarrolla en torno a una ciudad estado que controla un territorio más o menos grande. Los reyes aparecen rodeados por una «corte» de individuos fieles al rey por un vínculo personal. No faltaba un «consejo de ancianos». El poder real era, en principio, hereditario y personal. La república estaba dominada por la aristocracia, la más notable fue la de Sagunto, que era también la oligarquía mercantil. Su estructura era análoga a la de las ciudades griegas, cuyo modelo les influyó decisivamente.

     Se distinguían tres clases sociales: la aristocracia, los hombres libres (de riqueza media) y la clase baja. Su estructura es fuertemente patriarcal, aunque la condición social se trasmitía por vía matrilineal.

     Su hábitat se caracterizaba por los asentamientos en ciudades bien fortificadas y situadas en lugares estratégicos, calles estrechas de planta regular y sin edificios públicos.
 

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