En la península de Anatolia se desarrollaron también culturas urbanas, que sólo en raras ocasiones dominaron territorios más grandes que una ciudad estado. Aquí aparecieron algunas de las civilizaciones más avanzadas de la época, y buena parte de los procesos migratorios que difundieron los metales por el mundo. Las más importantes serían: Troya, Cilicia, Yortán, Dorak, Horoztepe, Mersín y Beycesultán. Estas ciudades dependerían de los imperios mesopotámicos. Aquí se asentarán los frigios, con capital en Gordias; los cimerios (año 900 a.C.), nómadas que difundieron la silla de montar y utilizaron el caballo como arma de guerra; los escitas, también nómadas y que con los cimerios penetrarían en Europa; y los lidios, con capital en Lidia.
En la península de Anatolia aparecerá una cultura expansiva, los hititas, hacia el 2000 a.C. Su primera capital será Kusara, pero luego se trasladará a Nesa y a Hatusa, de donde toman el nombre. Los hititas serán uno de los pueblos que intenten dominar Mesopotamia, y que divulgue la civilización; ya que por su posición dominan las vías de comunicación entre Oriente u Occidente. Es el pueblo que difundió la metalurgia. Su cultura es, básicamente, heterogénea, ya que tiene elementos de todas las civilizaciones limítrofes.
En torno al lago Urmia (Armenia), hacia el 2000 a.C., surge la cultura hurrita, un pueblo indoeuropeo y guerrero que se impuso como clase dominante en las tierras que conquistaron: aportando su concepto de la política, pero aculturándose con ellos.
En Palestina
se asentarán los pueblos semitas, como los amorreos,
los
cananeos o los
arameos, que
formaron parte de las ciudades mesopotámicas. Incluso fundaron Babel
.
Florecieron ciudades como Jerusalén, Samaría,
Biblos, Tiro, Sidón, Damasco o Trípoli.
Los filisteos también fueron un pueblo no semita que intentaron crear un reino en la franja costera de Canaán. Dominaron las ciudades de Ecrón, Asdón, Ascalón, Gat y Gaza, con las que destacaron en el comercio.
También semitas eran los fenicios, comerciantes y navegantes. Los fenicios impusieron en el Mediterráneo su talasocracia. Crearon un reino que dominó las ciudades semitas más florecientes y fundaron Cartago en el 814 a.C.
En el interior
de Palestina se asentaron los hebreos, el pueblo semita
más representativo. Los hebreos se dividirían en dos reinos:
uno con capital en Samaría y otro con capital
en Jerusalén.
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