Se tiende a considerar Tartesos como un reino autóctono surgido por la aculturación de los indígenas, producida por el contacto con griegos y fenicios. En realidad sería una cultura de la Edad del Bronce, de economía agrícola y ganadera, que se desarrolló en torno a la región minera onubense (siglo IX a.C.), y que controlaba la ruta del estaño con el norte y la ruta marítima con Cartago.
La tartésica es una sociedad jerarquizada, en cuya cúspide se encuentra la oligarquía comercial. Su estructura política se parece mucho a la de la tiranía griega, y busca extender su dominio favoreciendo el comercio; sobre todo después del contacto con los fenicios, que se incrementa tras la fundación de Gadir. Ello provocará una floración de la cultura material entre las elites indígenas, de la que tenemos constancia a través de los tesoros de El Carambolo (Camas, Sevilla) y Aliseda (Cáceres), en los que se encuentra productos de procedencia foránea.
La fundación
mítica de Tartesos se remonta al año 1200 a.C.,
aunque el reino histórico no aparece hasta
el 750 a.C. Según la mitología
hay tres grandes reyes de Tartesos: Gárgoris, el recolector de miel;
Habis, el agricultor; y Gerión, el ganadero: las tres etapas del
acceso a la civilización, según la concepción griega.
Pero el primer rey histórico fue Argantonio,
al que se refiere Herodoto.
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