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La Administración imperial y las transformaciones locales

     La Administración de los territorios coloniales no es uniforme en todos los imperios. Las modalidades de Administración van desde el centralismo, que controla un ministerio en el país metropolitano, hasta la autonomía política y económica, más o menos amplias. No obstante, se exportarán las instituciones de los países metropolitanos a las colonias en todos los casos. En ocasiones, la integración de las colonias es tal que se les permitía elegir representantes en el gobierno de la metrópoli, siempre que los elegidos fueran europeos.

     La colonización de un territorio supone la construcción de una importante red de infraestructuras que permitiese la explotación económica del país. Se construyen, sobre todo, ferrocarriles y puertos, que permiten el comercio con la metrópoli y el intercambio internacional. Muchas de estas infraestructuras son de capital privado, como los grandes bancos o las compañías monopolistas de plantación o comercio.

     El comercio de las colonias está intervenido, ya que es libre con la metrópoli y está prohibido con otros países. En ocasiones está prohibido el comercio con las otras colonias del mismo imperio.

     También se crean ciudades y asentamientos dignos para los europeos, a los que se atraerá a los indígenas que trabajen para ellos. Esto supone, en muchos casos, la sedentarización de los pueblos indígenas, la introducción del trabajo asalariado y el comienzo de grandes migraciones, ajenas a los pueblos autóctonos.

     El impacto de la civilización occidental en las culturas y los territorios no desarrollados fue enorme. Cambian, radicalmente y para siempre, la sociedad y la geografía de estos territorios. Las transformaciones más espectaculares, en un principio, se dan en las comunicaciones, ya que la colonia es un territorio que se ha de explotar económicamente y ha de estar bien comunicado con la metrópoli. El impacto es mayor, y más inmediato, en la costa, desde donde parte la colonización, hacia el interior.

     Pero no solo en el paisaje es donde se notan pronto las transformaciones. La población autóctona comienza el proceso de transición demográfica gracias a la tecnología sanitaria occidental. Esto tendrá como consecuencia, en el siglo XX, grandes desequilibrios sociales y económicos, para una población que no crece económicamente y que no tiene la posibilidad de emigrar, como hará la población europea de la época.

     Aparecen, también, nuevas formas de trabajo que nada tienen que ver con la estructura económica tradicional, como el trabajo asalariado, la propiedad privada, para la mayoría de los medios de producción, y la economía especulativa de plantación.

     También aparecen fenómenos migratorios hacia los nuevos centros de trabajo, las ciudades, comenzando así la concentración y el gigantismo de las urbes del Tercer Mundo; y el desequilibrio de la red urbana que se mantiene hasta la actualidad. Estos desequilibrios marcan el comienzo del subdesarrollo dentro del sistema capitalista.

     Estas transformaciones, para la explotación del territorio, no suponen la industrialización del país, ya que dominan las industrias extractivas y las empresas mercantiles, todas ellas con dinero extranjero, que detraen capitales de la zona.

     Se crea una nueva sociedad en la que la burguesía europea está en cúspide (una burguesía capitalista), luego llega el proletariado europeo, bastante cualificado, y compuesto, sobre todo, de funcionarios y emigrantes que trabajarán en los puestos de mayor responsabilidad y más cualificados. En lo más bajo de la escala social está el subproletariado nativo, sin dedicación exclusiva, en principio, y con unas condiciones de venta de su fuerza de trabajo muy precarias. Trabajan en las plantaciones y en los puestos de menor responsabilidad y peor pagados. Contra la población nativa es frecuente que aparezcan fenómenos racistas y de segregación social por parte de la población blanca, debido a su concepto de civilización superior.

     Todo esto lleva a la aculturación de las sociedades indígenas tradicionales que se refuerza con la evangelización y la enseñanza oficial de la metrópoli. La población indígena abandona los usos ancestrales de su economía tradicional, y su relación con el medio, para asumir otros, extraños.
 

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