En realidad es una crisis del mercado, que debe ser regulado. En esta época el desarrollo industrial es ha extendido a otros países, cuyos productos saturan el mercado. Se dan tensiones inflacionistas, debido a la superproducción, que hacen bajar el precio de los bienes por debajo del coste de producción. Aunque la demanda de mercancías industriales hace aumentar la producción.
El desarrollo del transporte, sobre todo del ferrocarril, es uno de los grandes negocios del siglo, ya que es necesario crear una nueva infraestructura para generar un mercado nacional. Para poner en marcha estos grandes negocios es necesario el desarrollo del sector financiero, pero también en esta época entran en crisis, a pesar de su auge.
Con el desarrollo y la expansión de la revolución industrial se agudizan los conflictos sociales. Aparece la sociedad de clases, y los obreros se organizan en sindicatos para reivindicar sus derechos. Son muy comunes los abusos en el trabajo: largas jornadas, trabajo infantil y femenino, condiciones de trabajo insalubres y paro.
La clase media forja el mito del individualismo y de la posibilidad de hacerse rico por medio del propio trabajo. Tratará de consolidar el sistema en el que prosperan sus pequeños negocios, ya que teme que un cambio les saque del mercado.
El valor de la fuerza de trabajo baja, debido al aumento de las máquinas, ya que aunque el sueldo nominal de los trabajadores aumente, el valor de las mercancías que puede fabricar es mucho mayor, y su sueldo es proporcionalmente una parte menor del total producido.
Otra causa de la reducción de beneficios es el aumento nominal de los salarios, gracias a la actividad sindical.
Además de estas causas, también hay que tener en cuenta que la mayor parte de la producción industrial estaba dirigida a fabricar bienes de equipo para la propia industria y los transportes, y en esta época se ha agotado el mercado, en buena medida.
La crisis económica hace que los gobiernos vuelvan a tomar medidas proteccionistas para salvaguardar la industria nacional. Vuelven también los privilegios y los monopolios.
Una de las primeras manifestaciones de la crisis económica es la caída de los precios agrícolas. Pero, también, entran en bancarrota numerosos negocios de inversión, sobre todo en el exterior, las colonias, España o Turquía, por ejemplo.
Al
final del siglo se recuperan las inversiones en maquinaria y transporte,
ya que las fábricas se han quedado obsoletas. Además, se
reanuda la innovación en productos industriales, centrándose
en los bienes de consumo, se hacen grandes fábricas,
mayores que las de la primera generación, y se emplea un
nuevo sistema de producción en serie, el sistema ford. Esta
recuperación se logra, también, gracias al aumento
del sector servicios.
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