La dependencia económica de sus antiguas metrópolis hace surgir el neocolonialismo, que consiste en una explotación económica del país pero sin las preocupaciones que tiene la administración política del territorio. Estos países tienen acuerdos preferenciales con sus antiguas metrópolis. Además, sus ciudadanos tienen un status diferente en las colonias liberadas, no son totalmente extranjeros. Por otra parte, la cultura dominante sigue siendo la metropolitana, se habla su lengua y en sus manos está la educación de las élites, la Iglesia y la formación de los cuadros técnicos y los funcionarios.
Esta situación lleva rápidamente al subdesarrollo de estos países, no se crea un mercado nacional, sino internacional, y está muy mal distribuida la riqueza, ya que se queda en manos de las oligarquías autóctonas y de la minoría blanca. Las grandes empresas continúan perteneciendo a la metrópoli y producen para ella. Se extiende la economía especulativa de plantación. Pero lo más importante es que la antigua metrópoli controla los canales de distribución de los productos en el mercado internacional. Para atraer capitales, estos países, recién liberados, se convierten en paraísos fiscales, con lo que algunas fábricas, que no necesitan mano de obra cualificada, se instalan allí. Además, la fuerza de trabajo es barata.
La sociedad colonial ha destruido la tradicional, con lo que se extiende el subdesarrollo y la pobreza, y la economía de plantación es tan agresiva que termina por producir crisis ecológicas, con lo que no se pueden servir de la tierra ni ellos ni las sociedades tradicionales; unas sociedades tradicionales a las que es difícil regresar.
La ayuda internacional es eficaz sólo para los ricos del país, ya que son los únicos que pueden conseguir economías de escala y aprovechar con ventaja las inversiones en infraestructuras, pero estos no son los desheredados del Tercer Mundo. Además, la medicina occidental desencadena el proceso de transición demográfica, en unas sociedades que aún no están industrializándose, con lo que el crecimiento demográfico es enorme. Los recursos económicos son pocos, y se extiende el hambre por todas partes. Para intentar paliar esta situación actúan tres organismos: el FMI, el BM y el GATT. Se hace necesario financiar la economía de estos países, pero los créditos concedidos no hacen más que aumentar la deuda externa del país, lo que es aprovechado para imponer una serie de políticas específicas para asegurarse la devolución del préstamo. Esto empobrece más a la población, los grandes beneficiarios de esta política son los países ricos.
En resumen, predominio de las compañías multinacionales, la producción de materias primas o productos alimenticios de carácter especulativo que se venden en el mercado internacional, el deterioro de los intercambios por productos industriales, y el libre mercado que sólo beneficia al que consigue economías de escala, y a quien tiene los canales de distribución, son algunas de las características de estos países. La acumulación de capital se hace en la empresa privada que es muy escasa, y no revierte en el Estado. La política económica de tipo liberal está dictada por el BM y el FMI. Estas condiciones hacen imposible la creación de una burguesía y una clase media autóctona, que sea capaz de aumentar el consumo interno. Además, el Estado no adolece, precisamente, de corrupción y mala gestión.
La Ronda
Uruguay del GATT (1994) es uno de los episodios de esta crisis,
pues con la liberación del comercio agrícola,
las pequeñas economías de subsistencia no consiguen economías
de escala y se arruinan. La crisis económica
se generaliza y aparece el hambre y la crisis social, la infravivienda,
la violencia social, los niños de la calle y los garimpeiros. La
devastación
ecológica consume los recursos para poder pagar la deuda,
comprometiendo el desarrollo sostenible y el futuro
del equilibro ecológico. Ante esta situación, en los últimos
años se están organizando diferentes grupos contrarios a
la globalización económica, que implica
la liberación total del comercio internacional. Se han propuesto
soluciones como la tasa Tobin,
idea lanzada inicialmente por el economista norteamericano James Tobin,
de la Universidad de Yale, premio Nobel de Economía en 1981, la
cual consiste básicamente en fijar una pequeña tasa impositiva,
el uno por mil, sobre las transacciones financieras especulativas, concretamente
las realizadas en los mercados internacionales de divisas. Estos grupos
antiglobalización se vienen manifestando en las ciudades
donde se organizan cumbres desde
noviembre de 1999 en Seattle
.
Entre ellos se han colado grupos violentos que no permiten en las propuestas
alternativas lleguen a los medios de comunicación.
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