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Antecedentes de la Unión Europea

     En realidad ninguno de los intentos anteriores al siglo XX de unificar Europa bajo un solo poder se puede considerar como antecedente de lo que hoy entendemos por Unión Europea, puesto que todos tienen como ideal el dominio de los pueblos y no la convivencia en común. Ni siquiera los pannacionalismos del siglo XIX, que pretendían construir un gran espacio económico donde mover con libertad mercancías y capital, y por donde pudiera circular la fuerza de trabajo y acceder a los mercados sin restricciones, pueden considerarse como antecedentes reales.

     La idea de Europa es una construcción humana, puesto que a diferencia de otros continentes que tienen una unidad geográfica muy definida, Europa, en realidad, no es más que una península de Asia. Claro que eso no lo sabían los antiguos, que dividieron el mundo en continentes. Sin embargo, en esa península se dan una serie de características comunes que la individualizan, características fundamentalmente de tipo cultural. Europa es la cuna de la civilización clásica grecolatina, una civilización que hizo del latín la lengua común hasta mucho después de que hubiese dejado de ser utilizada por el pueblo, puesto que se mantuvo en las universidades, los monasterios y la liturgia, como lengua culta y de transmisión de saber. Con el tiempo esta sociedad se convertiría en el modelo civilizador de todo el mundo y llegaría a dominarlo. Otro de los aspectos culturales que unifican Europa es su base cristiana, que en épocas precontemporáneas, como la Edad Media o la Edad Moderna, es lo que constituye la auténtica unidad de Europa, sobre todo ante el peligro de invasión musulmana. Además, esta idea es la que constituye el centro del concepto de Imperio, desde el Sacro Imperio Romano Germánico a la república cristiana y la monarquía universal de Carlos V. Esta idea de Imperio y dominio persiste hasta la Europa del liberalismo y las guerras napoleónicas, los imperialismos y la paz armada. Sólo después de la segunda guerra mundial, ante el espectáculo de una Europa devastada, la pérdida de la hegemonía mundial y el inicio de la guerra fría, se ve la necesidad de una Europa unida que pueda recuperar su nivel de potencia mundial ante la política de bloques.

     Sin embargo, la idea de que la unidad de Europa, puede ser la solución a las continuas guerras en las que se ve inmersa periódicamente. Estas ideas se remontan al siglo XVII y tienen su máxima expresión en la defensa contra el peligro exterior que supone la lucha contra el islam. Pero es, ante todo, una postura de los intelectuales como Andrés Laguna, Luis Vives, el abate Saint-PierrePronunciado /sent pier/, RousseauPronunciado /rusó/, Kant o BenthonPronunciado /benzon/.

     En el siglo XIX el internacionalismo obrero, los comunistas partidarios, también, del internacionalismo, los anarquistas, que fuera de todo Estado sueñan con la libre adhesión de ciudades, son los exponentes más claros de las posturas de unión europea. Aunque esto se queda en buenas intenciones cuando las guerras hacen tomar a la clase obrera posturas nacionalistas.

     También el nacionalismo expansivo del siglo XIX sueña con unificar Europa, aunque en realidad lo que pretende es aprovechar el impulso unificador de países como Italia o Alemania, para que hombres como Giuseppe MazziniPronunciado /guisepe masini/ sueñe con conseguir a escala europea lo que ha conseguido en Italia. De esta postura es partidario también Víctor Hugo.

     Pero nada de esto va más allá de la pura especulación o las guerras de conquista, hasta después de la primera guerra mundial. Tras la paz de Versalles los países que han estado en guerra y han vencido, sienten en la necesidad de crear instituciones internacionales que garanticen la paz. El resultado de todo eso es la creación de la Sociedad de Naciones, y será en este foro donde se plantee por primera vez la idea de una Europa unida en lo político y lo económico. Será Coudehove KalergiPronunciado /cudehov kalergí/ con hache aspirada quien en 1922 lance por primera vez la idea paneuropea. Pero esto no será más que un ideal político. En 1924 se promulga un manifiesto en el que se recogen estos ideales, pero habrá que esperar a 1925 para que se firme el Tratado de Locarno, que no deja de ser la plasmación de unas buenas intenciones políticas.

     Las ventajas de la unificación europea estaban patentes desde que en 1923 se unieron Bélgica y Luxemburgo. Este es un auténtico antecedente, por lo que tiene de acuerdo entre los pueblos y los gobiernos. A ellos se les uniría Holanda en 1943 formando el Benelux. En 1929 la Sociedad de Naciones lanza la idea de crear los Estados Unidos de Europa, pero la crisis económica hace tomar a los países medidas proteccionistas de su economía, y es la época de los nacionalismos excluyentes y los fascismos, cosa nada propicia para iniciar una unidad europea, por lo que todo queda en las intenciones políticas, y no se ha dado un solo paso hacia la construcción de una auténtica unidad europea.

     Pronto llegaría la segunda guerra mundial que dejaría a Europa en ruinas y a merced de EE UU y la URSS, los dos grandes bloques que en 1946 iniciarían una guerra fría por el control de Europa, y el mundo. Es en esta época cuando se toma conciencia clara de la necesidad de una unión política y económica para recuperar su status de gran potencia. En 1946 Winston ChurchillPronunciado /güinston chúrchil/ da una conferencia en Zúrich en la que advierte del peligro que supone la URSS y lo que implica, para Europa, la división en bloques que separará a Europa con un «telón de acero». Sin embargo, no será hasta 1957 cuando se firme el Tratado de Roma que pone en marcha el Mercado Común entre Italia, Francia, Alemania y el Benelux.
 

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