Las ciudades
se amurallaron en torno al siglo XIII, cuando ciudad era la que tenía
muralla, y por lo tanto tenía derecho a un fuero.
Así se estableció en las Partidas de
Alfonso X el Sabio, entre 1256 y 1265. Las primeras murallas
albergaron en su interior huertas y pastos para el
ganado, pero debido al aumento de la población fueron insuficientes.
La existencia de fuero, que era una garantía ante las arbitrariedades
señoriales, favoreció la migración del campo a la
ciudad. El fuero era una serie de normas, derechos
y deberes, de los habitantes de una ciudad, por las que se regían.
Las ciudades tenían derecho a presentar sus quejas directamente
al rey, surgirían así las Cortes. Las
primeras Cortes tuvieron lugar en León
en 1188.
Las casas
solían ser de planta baja, piso y desván; con el tejado de
paja. A medida que aumentó la población fueron haciéndose
más altas. Las ciudades cristianas no pasaban
de los 50.000 habitantes, mientras que las
musulmanas
como Córdoba, Sevilla, Granada, Marraquech, Damasco, El Cairo o
Bagdad los superaban ampliamente. La musulmana era una civilización
urbana.
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