A comienzos
del siglo XI los condados catalanes
son una potencia peninsular independiente y consolidada. Después
de la aceifa contra Barcelona de Almanzor, en el 985, el conde Borrell
II solicitó una tregua a Córdoba, pero esta no dura más
que hasta el año 1000, cuando los
catalanes comienzan su reconquista y repoblación. El progresivo
desmembramiento del Califato favorece las intenciones de los condes de
Barcelona. En el 1003 Abd al-Malik
ataca Barcelona, y Ramón Borrell I pide la paz. En el 1010
comienzan las razias catalanas por al-Ándalus.
Ese año, el conde de Barcelona, Ramón Borrell III, apoya
a Mohamed
II como nuevo califa, pero es restaurado Hisam II. En el año 1015
Ramón Borrell III ataca las fronteras del Ebro y ocupa las tierras
hasta el río Gaya. En el 1018 muere Ramón
Borrell III y le sucede su hijo, menor de edad, Berenguer Ramón
I. El condado entra en crisis y se independizan de
Barcelona: Gerona y Vich. Aunque Berenguer Ramón I
restaura el condado. El dominio del condado de Barcelona
sobre este país es evidente a partir de Ramón
Berenguer I el Viejo (1035-1076). Comienza a utilizarse el topónimo
Cataluña para referirse a él. Ramón Berenguer
I el Viejo impone parias a las taifas limítrofes,
como Zaragoza y Lérida, en el año 1038. En el 1052 la unidad
de Cataluña permitiría comenzar la Reconquista. Sin embargo,
las luchas internas por la sucesión lo impidieron. Será Ramón
Berenguer III el Grande (1097-1131) el que amplíe el territorio
tanto al sur, como al oeste y el norte. En 1131 es
conde de Barcelona Ramón Berenguer IV,
y en 1137 se casa con Petronila, reina de Aragón
y se convierte en gobernador de Aragón. Cataluña se transforma
en principado. Su hijo, Alfonso II de Aragón,
será, en 1162, rey de Aragón y conde de Barcelona, títulos
que llevarán en lo sucesivo todos los reyes, creando así
la Corona de Aragón.
La Corona
de Aragón no sólo se expande
hacia el sur, sino que también lo hace hacia
el norte y por el Mediterráneo.
Tiene bajo vasallaje a todo el Midi
francés, el Rosellón, la Provenza, Foix y hasta el Langueloc.
El dominio de Aragón sobre este país no terminaría
hasta la muerte de Pedro II, en 1213. La expansión
hacia el Mediterráneo comenzó pronto. En 1149 Ramón
Berenguer IV había ocupado Tortosa y Lérida, pero las disputas
con Aragón por la expansión por el este le impulsaron a extender
sus dominios hacia el sur y el Mediterráneo. Alfonso II conquista
Teruel y Albarracín, en 1170 y 1172 respectivamente. El Tratado
de Tudillén, en 1151, había limitado
sus posibilidades de expansión hacia el sur. Pedro II el
Católico (1196-1213) consolidará su territorio, pero no será
hasta Jaime I el Conquistador (1213-1276) cuando Aragón
tenga su mayor impulso batallador. Entre 1229 y 1235
se conquistan las Baleares y en 1238 Valencia,
con lo que prácticamente terminaría su expansión en
la península. Ambos reinos se convertirían en centros comerciales
claves para la talasocracia que estableció
la corona. Pedro III el Grande (1276-1285) conquistará
Sicilia
en 1282. La expansión por el Mediterráneo continuaría
durante todo el siglo XIV.
La repoblación del valle del Ebro por parte de Cataluña y Aragón tienen rasgos distintos con la castellana, ya que este era un territorio muy poblado; y los naturales eran musulmanes. Todas las ciudades conquistadas tuvieron actas de capitulación en las que se establecía que la población musulmana debía abandonar su recinto amurallado en un plazo de tiempo, aunque conservaban sus propiedades, sus costumbres y su legislación. La mayor diferencia era que el señor feudal pasaba de ser un musulmán a ser un cristiano. La zona conquistada tras la formación de la Corona de Aragón se conocerá como Cataluña la nueva, en donde no se impondrán los malos usos como en Cataluña la vieja, debido a los fueros favorables que se concedían.
En la expansión por el Mediterráneo tienen un protagonismo singular los almogávares. Los almogávares eran compañías de mercenarios catalanes y aragoneses al servicio de los reyes de Aragón que luchaban a cambio del botín en la frontera musulmana. Cuando se terminó la Reconquista, ante la dificultad de mantener tropas mercenarias sin una guerra, Pedro III les envía a Sicilia para defender al nuevo rey: don Fadrique de Aragón, vasallo suyo. Así, la compañía al mando de Roger de Flor, luchan contra los angevinos en las vísperas sicilianas (30 de marzo de 1282), en la que se expulsa a los angevinos de Sicilia; y también contra el papa. En los años siguientes y junto a otras compañías, como las de Bernardo de Rocafort o Berenger de Enteza, conquistaron el sur de Italia y Grecia (Neopatria) llegando a enfrentarse con Bizancio. Su crueldad mercenaria les granjeó muchos odios, y sus líderes fueron asesinados. En 1309 se les unen tropas turcas y comienza a actuar como una república militar independiente. Esto les valió perder el favor de los reyes aragoneses que en poco tiempo terminarían con estas compañías.
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