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La economía en los siglos XIV y XV

     El ciclo secular de la economía de las coronas de Aragón y de Castilla tiene una fase creciente y otra decreciente. La fase creciente en Aragón es el siglo XIV, y en Castilla el siglo XV, la fase decreciente en Aragón es el siglo XV y en Castilla el siglo XIV. Portugal tiene el mismo ciclo que Castilla y Navarra tiene el de Aragón.

Ganadería

     La ganadería en España está dominada por el tipo de explotación extensiva. La organización más representativa es la Mesta, que practica la trashumancia entre el norte y el sur de la península. La Mesta se crea en España en 1273, por Alfonso X el Sabio, a partir de las asociaciones y cofradías de ganaderos que existían en el siglo XIII, tanto en Aragón como en Castilla, y que en Castilla se unieron en una sola. Era una asociación privilegiada que tenía libertad para pastar en todo el territorio, podían castigar a todo el que atentase contra los pastores, estaban exentos de pagar montazgos y pontazgos y demás impuestos de paso, tenían sus propios jueces y el rey refrendaba sus decisiones.

     También en la Corona de Aragón surgieron asociaciones pastoriles o mestas, pero de mucha menor importancia política y económica. Estas asociaciones practicaban la transterminancia más que la trashumancia.

     La Mesta fue acumulando privilegios a lo largo de los siglos, pero el periodo de máxima expansión fue el reinado de los Reyes Católicos, ya que en esta etapa la seguridad aumentó gracias al fin de la Reconquista y a la creación de la Santa Hermandad. Además, la Mesta siempre fue mimada por los reyes, ya que era una fuente muy importante de ingresos y un instrumento para homogeneizar el régimen agrario del reino. La Mesta dominó la producción agrícola hasta el siglo XVI, en que empezaron los problemas serios con los agricultores ante la disyuntiva de roturar nuevas tierras o conservarlas para pasto del ganado. Además de los numerosos privilegios, funcionó muy bien la solidaridad mesteña, y si en algún sitio eran maltratados no pasaban por allí, y los campesinos no podían alquilar sus tierras a los pastores.

     La Mesta estaba organizada en cuadrillas, en las que había serranos y riberiegos (excluidos de los cargos, pero con derechos para su ganado). Elegían a sus alcaldes, que eran procuradores en Cortes. Una de las salas de la Cancillería estaba dedicada a la Mesta. Además, había procuradores de puertos y entregadores, que vigilaban por el cumplimiento de los acuerdos y los privilegios de la Mesta. El cargo más importante de la Mesta era el alcalde mayor entregador, que era electivo, aunque a partir del siglo XVI fue el miembro de más edad del Consejo Real. Los cargos de la Mesta tenían autoridad real, pero debían respetar la siembra, las viñas, las huertas, los prados de siega y las dehesas boyales.

La agricultura

     La agricultura de los siglos XIV y XV era fundamentalmente la misma que la de la época romana. Durante la Edad Media no se han producido cambios tecnológicos de importancia en este campo. El utillaje era muy elemental: arado romano tirado por bueyes, hoz, guadañas, etc., generalmente de madera y hierro; y hechos en la misma aldea. Sin embargo, sí se difunde el molino hidráulico y el de viento, según zonas, y algunas de las invenciones árabes.

     El sistema de cultivos, predominante, es extensivo de secano. Se cultiva, principalmente, cereal, en sistema de barbecho. En las zonas de mayor población musulmana, o de origen musulmán, se cultivaba de manera intensiva y con regadío las huertas de frutas y hortalizas.

     Las tierras se dividían en hojas que se disponían alrededor del pueblo y que se iban cultivando alternativamente. Las más cercanas eran las huertas de frutas y hortalizas, que frecuentemente eran regadas, incluso con aguas negras. Luego estaban los cultivos de secano, cereales, y más allá los pastos, comunales, dehesas boyales y las suertes. Y por último el bosque, que tenía una importancia fundamental en la economía rural de la Edad Media. El ganado de gran tamaño, escaso, pastaba en las dehesas boyales y en los campos que se dejaban en barbecho.

     Los cambios que se observarán en este sistema en la Edad Moderna se harán en el sistema de cultivos. Pero la distribución de las parcelas y las explotaciones no cambiarán hasta que en 1950 se comience la concentración parcelaria.

     Si durante los siglos anteriores había habido una tendencia a la disgregación de la propiedad, en el siglo XIV comienza la tendencia a la concentración, sobre todo en manos eclesiásticas y en el mayorazgo. La concentración de la propiedad generaliza los métodos de explotación indirectos. Los principales tipos de contrato eran: el prestimonio, en el que el dueño retenía el dominio, pero entregaba a un campesino el usufructo de manera vitalicia, quedando sometido a una relación feudal. Los censos enfitéuticos y foros, contratos de larga duración (a veces indefinida) en la que el dueño retenía el dominio directo y el campesino el dominio útil, a cambio de un canon y una cantidad en caso de transmisión hereditaria. En Aragón se generaliza la aparcería, en la que el dueño y el campesino son propietarios, a porcentaje, de la explotación y tiene participación en los beneficios. Este tipo de contrato derivaría en la rabassa morta en Cataluña. Pero el tipo de contrato más común fue el arrendamiento.

     Había, también, fórmulas de explotación estrictamente familiares, que producían la mayoría los productos que necesitaban, son: el casal gallego, la casería asturiana, el solar montañés, la casería vasca, la masía catalana y la heredad castellana.

     Los campesinos estaban obligados a realizar trabajos comunales en favor del señor feudal o las órdenes monásticas, son los trabajos de sernas, labores y obrerizas. Aunque entre los señores feudales era más habitual el empleo de trabajo asalariado. Para atender las explotaciones orientadas al mercado contrataban jornaleros. Los salarios, a veces, eran pagados en excusa o pasto gratuito. Sin embargo en los lugares de mayor tradición feudal, como Cataluña se generalizaron los malos usos feudales, que el señor imponía a los campesinos en virtud de sus derechos de posesión. Los malos usos son: la intestia, por la que el señor cobrará la tercera parte, o más, de los muebles del labriego si moría sin testamento; la exorquia, por la que es señor recibía parte de los bienes del labriego si no dejaba descendencia, en el manso, al morir; la cugucia, por la que el señor tenía derecho a parte de los bienes, o a su totalidad, del labriego si su mujer era adúltera; la arsina, o indemnización al señor en caso de incendio del manso; la firma de spoli por la que el señor recibía una cantidad para autorizar una dote; y la remensa, por la que el payés no podía abandonar el manso si no se pagaba una redención.

     La agricultura de la Edad Media era, básicamente, de subsistencia y su producción dependía de la disponibilidad de fuerza de trabajo. La escasez de mano de obra provocaba crisis de subsistencia como la producida tras la peste negra de 1349-1350.

Industria

     En general, la política industrial de los reinos peninsulares de los siglos XIV y XV es proteccionista. Pero también depende de la coyuntura económica. La conclusión de la Reconquista significó el fin de los beneficios de guerra y de las parias.

     El siglo XIV conoce el auge económico e industrial de Aragón, en Cataluña. Continuamente se pide, desde la burguesía barcelonesa, el fin de los conflictos con Castilla, para poder comerciar libremente. En Barcelona se empiezan a elaborar paños de lana en grandes compañías, y su mercado natural es Castilla. Siempre hubo dos tendencias en la ubicación de la fábrica: la localización urbana al amparo de los gremios, y la rural en busca de las fuentes de energía y un menor control de la calidad. La política seguida por los reyes era proteccionista, con la prohibición de importaciones y con exenciones fiscales. La burguesía mercantil barcelonesa estaba dominada por los señores del drapSeñores del paño que controlaban los cargos municipales. La industria textil catalana se caracterizaba por tener una pañería de imitación. Imitaban a los paños flamencos y genoveses con una calidad media y alta, lo que les llevó a poner en sus productos la «B» de Barcelona para identificarlos. Los gremios textiles estaban privilegiados, y pedían el libre cambio con el exterior.

     Sin embargo, se generalizan las prácticas proteccionistas en toda Europa, así como la estandarización de los productos. Esto termina con la industria textil urbana, en favor de la rural, lo que implica un rápido declive.

     La guerra civil por la sucesión de Juan II, entre 1462 y 1472, supone la ruina de la industria; pero todo el siglo XV es para Aragón un periodo de crisis. Caen en crisis las industrias rurales, y los productos extranjeros invaden los mercados aragoneses.

     El siglo XIV es para Castilla un siglo de crisis, caracterizado por la autarquía, sobre todo textil. Sin embargo, se empieza a exportar lana en bruto. La industria textil en Castilla es principalmente rural y de baja calidad. Se importan paños de calidades media y de lujo, pero también de baja calidad. Para evitar la avalancha de productos extranjeros, las Cortes de Madrid de 1419 solicitan la prohibición de importaciones, lo que permite un cierto auge de la industria. Pero las calidades de los paños castellanos son ínfimas y bajas. Las Ordenanzas Generales de 1494 pretenden mejorar la calidad de los paños regulando su producción. Pero había grandes dificultades para aplicarlas, ya que la mayor parte de la industria textil era rural, sobre todo en el norte. No así en el sur donde era más urbana y de mejor calidad.

     Pero la gran estrella de la industria castellana era la siderurgia vasca, de gran calidad, que es exportaba a toda Europa.

     Durante el siglo XV la industria Aragonesa entra en declive, mientras que la castellana conoce un auge sin precedentes.

El transporte

     En la Edad Media el transporte y las comunicaciones son deficientes, a pesar del relativo auge que experimenta el comercio. Gracias a la diversidad ecológica de la península son muchos los productos de intercambio. Los caminos no son seguros, y están en mal estado. El relieve y el clima de la península dificultan la conservación de los caminos; que es responsabilidad del municipio y a la que están obligados todos los vecinos por medio de las sextaferias. Básicamente, la red de caminos y vías pecuarias es la misma que la de la época romana; con las mejoras introducidas por los árabes y a las que se añaden la red de cañadas, cordales y veredas que utiliza la trashumancia. Los más importantes, por su carácter internacional, son: el camino de Santiago, la vía de la Plata y la vía Hercúlea. Hay muchos caminos de herradura y muy pocas carreteras (un tercio). La red es más densa en el centro castellano, en torno a Burgos, Astorga, Zamora, Toledo, etc. Los dos grandes centros de la red son Toledo y Medina del Campo. Abundan los impuestos de paso, que dificultan el transporte de mercancías. Además, en algunas zonas, como en Cataluña, las personas están vinculadas a la tierra y no pueden viajar. Por otro lado, siempre fue un problema el paso de los numerosos ríos, que en la época se solucionaba mediante barqueros y la reparación de puentes romanos o árabes. Se construyen muy pocos puentes. El paso de los ríos en barcas encarece mucho los viajes.

     Los Reyes Católicos palian esta situación con la creación, en 1476, de la Santa Hermandad (o Hermandad General) y la construcción de una red de postas, ventas y nuevas poblaciones. También crearon la Real Cabaña de Carreteros, para privilegiar a los transportistas.

     Los transportistas son arrieros y carreteros, cada uno especializado en un tipo de transporte. El caballo es el transporte rápido, y el buey y la mula el animal de tiro de las carretas. Se transportan mercancías de poco peso y alto valor añadido. Frecuentemente, el mercader y el transportista son la misma persona, y viaja en caravana como buhonero. El transporte está organizado de manera regional: hay circuitos locales, regionales y extrarregionales. El comercio internacional está copado por el transporte marítimo.

     Los arrieros transportan mercancías de poco peso y alto valor. Los grandes volúmenes son portados por transportistas ocasionales, gente de un pueblo que ejerce esa función durante una parte de año para poner los productos de la aldea en el mercado, mientras que el resto del año se dedican a la agricultura. Había transportistas profesionales que pertenecían a determinadas etnias, como los arrieros maragatos, los cabañiles del sureste, o los moriscos.

     La navegación marítima se desarrolla extraordinariamente a partir del siglo XIV, gracias al control aragonés del Mediterráneo y el fin de la piratería musulmana. Se comienza a utilizar la brújula, y los barcos de vela aumentan su capacidad. Además, aparece en los barcos el timón. La navegación está protegida gracias a las hermandades de mareantes, a las cofradías y a los consulados del mar, compuestos por mercaderes.

     Existe una red de ferias y mercados itinerantes alrededor del camino de Santiago. Las ferias y mercados son privilegio de algunas ciudades y están organizadas para que no coincidan ferias próximas, en el tiempo. También hay dos circuitos de carreteros, uno al norte y otro al sur del Tajo, que invernan el Toledo y circulan de abril a noviembre. Los mercados eran una importante fuente de recaudación de impuestos. En primavera están en el camino de Santiago, en verano se desplazan al interior de la península, a la frontera o a la costa, y en septiembre vuelven al camino de Santiago. La autoridad local garantizaba la seguridad de las transacciones mediante el zabazoque, en Castilla (el azoque, en Aragón). También hay ferias fijas, vinculadas a los talleres de artesanía, como las de León, Burgos, Barcelona, Toledo o Córdoba. Son muy importantes las ferias internacionales, entre las que destaca la de Medina del Campo, donde se inventa la letra de cambio en el siglo XV.
 

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