En plena conquista
de la península ibérica, los califas de Damasco
desconfían de la observancia coránica de
Muza y Tarif, sobre todo en lo que a reparto, distribución
de bienes y trato a los conquistados, se refiere. En el 714
Muza es llamado a Damasco para rendir cuentas. En Damasco cae en
desgracia; pero la situación de los califas omeyas no es muy estable,
debido a las intrigas internas. El califato de Damasco ha crecido demasiado
y empieza a haber revueltas contra él. En el 747 comienza
la rebelión abásida contra Damasco. Esta rebelión
triunfa en el 750, cuando muere, en la batalla
de Zab, el califa omeya Marván
II. Los Abasíes desatan una feroz represión
contra la familia Omeya.
La tradición
atribuye la llegada de Abderramán
I a la península, a su huida de Damasco
en busca de un territorio donde establecerse y desde el que reconquistar
el poder. Las condiciones en el al-Ándalus
eran más favorables que en el norte de África,
ya que era un país con más presencia árabe. La posibilidad
de crear una monarquía andalusí, independiente, fue
anterior a la llegada de Abderramán. Ya lo habían intentado
los bereberes, de la mano de al-Sumail, quién pretendió crear
esa monarquía, en la figura de Yusuf (745-755); justo antes de la
llegada de Abderramán. Con ellos tuvo que luchar por la supremacía
en la península. En el año 755 Abderramán
es el único heredero de la dinastía omeya, con lo
que sería visto como un «rey»
legítimo. En el
756 Abderramán I conquistó
Córdoba, y se proclamó
emir en la Gran
mezquita. Al año siguiente entra en Toledo
y somete a todo al-Ándalus. Aunque continúan rebelándose
Yusuf y al-Sumail, hasta el 760.
Abderramán I organizó el Estado andalusí, aunque esto no quiere decir que crease un Estado, ni una monarquía como hoy la entendemos. Abderramán se apoyó en su clientela para dominar el territorio, el cual se divide en coras. Concede coras entre su clientela, a la manera de los señores feudales cristianos, aunque los cargos no eran vitalicios, con lo que estaban sujetos a una menor independencia. Además, la estructura jurídica musulmana venía definida por el Corán y la saría. Habrá, pues, un semifeudalismo.
El ejército
que recluta es temporal y los hombres son aportados por los distintos clanes.
El sistema económico es casi autárquico,
y la tolerancia una postura táctica. Abderramán
I encomendó los principales cargos políticos a miembros de
su familia, clientes y libertos. Los gobiernos regionales
de las coras tenían una notable autonomía, y se encomendaron
a un valí. Los principales cargos eran los de
uazir
(ministro), hayib
(mayordomo) y los visires.
Abderramán
I hubo de hacer frente a numerosas revueltas, como
la de los bereberes de norte, o las de signo abasí,
como la de Niebla, en el 766.
La consolidación del emirato impide la expansión
de los reinos cristianos del norte. Abderramán I sólo
se proclamará malik
y Emir. Una vez consolidado su poder creará
un ejército regular y establecerá su
capital
en Córdoba. Aquí inicia la construcción de
una gran capital, comenzando por una gran mezquita. Con el establecimiento
de la capital la Administración aumentó, así como
el número de funcionarios.
En el 788
muere Abderramán I, y le sucede su hijo Hisam
I, que hace una serie de reformas administrativas.
Se establece el fiqh malikí (doctrina jurídica
de Malik ibn Anás) como norma jurídica básica. Apoyándose
en el fiqh malikí Hisam I, Abderramán II y sus sucesores,
concibieron
el «reinado» como absoluto y autoritario.
El emir era la fuente de todo el poder temporal por
voluntad de Alá. Abderramán II estableció en Córdoba,
como capital, la ceca
.
El comercio se controló por medio de aduanas
e impuestos de paso. En el interior de las ciudades se creó el zoco
donde una autoridad, el almotacén o zabazoque,
fija los precios, los pesos y las medidas, además de arbitrar en
los conflictos. No existe un gobierno propiamente dicho, pero Abderramán
II organiza una jerarquía administrativa. Estableció
dos
ramas: la Cancillería Real, órgano consultivo, y
la Recaudación de Impuestos. Al frente de ambas instituciones
había un diván, ayudado por varios visires.
Toda la Administración funcionó gracias al registro en libros,
que eran controlados por el hayib. También
fueron muy importantes las
obras públicas que
se emprendieron, principalmente en Córdoba. El comercio
fue creciendo paulatinamente, tanto en el interior como en el norte de
África, tanto con los reinos cristianos como con tierras más
lejanas. Se mercadeaba con todo tipo de productos, pero especialmente con
los de alto valor, como las sedas, los esclavos, las joyas, etc. También
comienza el impulso cultural de al-Ándalus,
y su reconocimiento en el mundo.
Con el paso
del tiempo los emires van perdiendo control sobre
su territorio, y se van haciendo fuertes en sus coras diferentes señores;
algunos de ellos de origen muladí, como los Banú
Qasí de Zaragoza.
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