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La expansión y la repoblación hasta el siglo X

     La Reconquista ha ido unida a la repoblación de las tierras ocupadas. La Reconquista no solo fue la lucha contra los musulmanes por recuperar España; también fue un periodo de razias y aceifas, sólo por conseguir un botín; y la expansión territorial de los reinos cristianos en busca de nuevos espacios para cultivar y comerciar. Tras la derrota de Covadonga, los musulmanes tienden a establecerse en el sur, más urbanizado. En la submeseta norte se instalan los agricultores y ganaderos bereberes y muladíes. El valle del Duero será uno de los territorios menos poblados de la península, y casi totalmente fuera del control administrativo tanto de Córdoba, como de Asturias y la nobleza, ya sea cristiana o musulmana. Sin embargo, la región no estaba totalmente vacía. Una serie de pequeños pueblos jalonaban el país. Estas aldeas daban la alarma a ambos bandos en el momento que se iniciaban las razias. Cuando comience la expansión de los reinos cristianos hacia el sur estas serán las primeras tierras que ocupen. La repoblación se hará siguiendo las pautas del Derecho romano.

     En el proceso se distinguen cuatro periodos: la repoblación hasta el Duero, la repoblación hasta el Sistema Central, la repoblación de la submeseta sur y la repoblación de Andalucía y Murcia. Además, se diferencian tres ámbitos de avance: uno al oeste, el de los reinos de León y Castilla; y dos en el este, el de Navarra y Aragón y el de los condados catalanes, que desde 1131 es el mismo. En 1151 las coronas de Castilla y Aragón se reparten las zonas de expansión, en Tudillén. Este tratado se modificará en 1179 en Cazorla para suprimir el homenaje de los reyes aragoneses a los castellanos.

El valle del Duero

     El valle del Duero era la zona más despoblada de la península, aunque no totalmente desierta. Esta zona satisface las necesidades de expansión para la población asturiana. Todas estas tierras fueron pobladas siguiendo una pauta similar, según el Derecho común romano. Se tenían en cuenta dos condiciones: todos estos territorios pertenecían al rey; y los baldíos pasaban a ser propiedad del primer cultivador que los roturase. Era el derecho de presura: el rey otorgaba después un documento acreditativo de la propiedad.

     La ocupación se realizó de tres formas principales: por cesión del rey a los nobles que le prestaban servicios militares, por repoblaciones eclesiásticas de pequeños monasterios, que fueron absorbiendo las pequeñas propiedades campesinas de su entorno, y por repoblaciones de pequeños agricultores que se acogerán al derecho de presura. Esta últimas lograron escapar a las propiedades nobiliarias gracias a su condición de aldeas y comunidades de campesinos libres, con entidad jurídica propia. Estas eran las aldeas de behetría que podían elegir a su señor. Las dos primeras modalidades fueron más comunes en la expansión galaico-leonesa, mientras que la tercera fue más propia del espacio castellano. En las aldeas de behetría, y en las pequeñas aldeas de la frontera, aparece la figura del caballero villano, un caballero que, no pudiendo pagarse el armamento y el caballo, pertenecía a una villa que le sufragaba los gastos y a la que defendía. Esta figura aparece en el fuero de Castrojeriz del 974.

Navarra y Aragón

     En Navarra y Aragón la repoblación fue un proceso más complicado, puesto que sus zonas de expansión, lejos de estar deshabitadas, eran uno de los países más densamente poblados de la península: el valle del Ebro. Sólo en los valles del Pirineo tuvieron el protagonismo de la repoblación los campesinos.

     El peso de la repoblación de la frontera lo llevó: la nobleza guerrera en el caso aragonés, y los grandes monasterios en el caso navarro; aunque estas concesiones de tierras a los nobles no eran permanentes, y teóricamente volvían a la corona a la muerte del titular. Pero lo cierto es que se hicieron hereditarias y formaron grandes patrimonios territoriales. También crearon grandes patrimonios los monasterios, como el de San Millán de la Cogolla. El territorio de expansión inicial era mucho menor que en el reino astur, pero también la densidad de población de estos reinos era menor.

Los condados catalanes

     Al igual que Navarra, la zona de expansión de los condados catalanes es el valle del Ebro. Pero, a diferencia de aquellos, el peso de la repoblación lo llevaron los pequeños agricultores, recurriendo al derecho de aprisioSemejante a la presura castellana. Los espacios sobre los que se extendieron fueron las llanuras costeras del Penedés, el Vallés y el Ampurdán.

     A diferencia de las aldeas castellanas, las catalanas cayeron bajo el dominio de un señor feudal que ocupaba un castillo y que ejerció sobre ellas amplios poderes, hasta llegar a los malos usos: la intestia, por la que el señor cobrará la tercera parte, o más, de los muebles del labriego si moría sin testamento; la exorquia, por la que es señor recibía parte de los bienes del labriego si no dejaba descendencia, en el manso, al morir; la cugucia, por la que el señor tenía derecho a parte de los bienes, o a su totalidad, del labriego si su mujer era adúltera; la arsina, o indemnización al señor en caso de incendio del manso; la firma de spoli por la que el señor recibía una cantidad para autorizar una dote; y la remensa, por la que el payés no podía abandonar el manso si no se pagaba una redención. Este territorio, dominado por las castellanías, se conocerá como Cataluña la vieja, donde más intenso será el feudalismo.
 

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