El origen de la monarquía en Francia se encuentra en la familia de los Capetos y en la Isla de Francia, a donde, en principio, se reducían los dominios de los Capetos. Sin embargo, con el tiempo, son muchos los dominios que los Capetos tienen en toda Francia. Es una familia muy rica y con un gran prestigio moral entre los caballeros franceses. En principio, la suya es una autoridad moral de carácter sagrado, los reyes se consagran, están ungidos por Dios, el rey es un personaje casi sagrado. Los Capetos son árbitros en las querellas entre los nobles franceses. La auténtica casa dominante en Francia era la de Toulouse. Pero los Capetos se denominaban reyes de los francos y aspiraban a unificar a todos los francos bajo su mando.
Hugo Capeto refuerza su autoridad real asociando el trono de Francia a su hijo, Roberto II, con lo que se asegura que el trono pertenecerá a la familia. No vinculan su derecho al trono con la descendencia carolingia, sino que convierten sus dominios en un principado, y a la nobleza sus iguales, pero comienzan a construir unas relaciones de vasallaje que les aseguran el trono. Con el tiempo, la autoridad virtual se convierte en real, y los Capetos conseguirán la unión de los francos, por medio de la concesión de fueros. Será bajo Luis VI (1108-1137) y Luis VII (1137-1180) cuando se someta a la baja nobleza y se desarrolle, institucionalmente, la monarquía.
La restauración
real se había iniciado tímidamente con Felipe I y
será definitiva con Felipe II Augusto (1180-1223). Los Capetos favorecieron
en París a los grandes intelectuales
de la época, el abad Suger
y la universidad. Además, fue un periodo de crecimiento
económico. Establecieron vínculos feudales con la
nobleza y concedieron fueros a poblaciones. Entre los Capetos no hubo problemas
de sucesión dinástica, lo que les proporcionó mucha
estabilidad. Además, se apoyaron en la Iglesia
para legitimar su poder, y también en la burguesía.
El desarrollo de su Estado era muy escaso, apoyándose
en una asamblea de carácter feudal. Luis VII
es el que comienza a sustituir, en los grandes cargos, a las familias tradicionales
por nobles de segundo rango, más fieles. Luis VII luchó contra
Enrique V y contra los castellanos, despertando el sentimiento nacionalista.
El poder de los Capetos fue aumentando, y cuando Felipe II
Augusto llegó al poder tenía todo lo necesario para
imponerse
en toda Francia.
Una vez consolidada la monarquía de los Capetos en Francia, sus progresos y su influencia política fueron creciendo. En el siglo XIII aprovecharán las posibilidades del sistema feudal para hacer una monarquía centralizada que abarque todo el territorio de Francia, y desarrollarán una auténtica Administración para el reino. Los Capetos incrementan su base territorial y luchan contra los grandes nobles, a los que someten a vasallaje.
Felipe
II Augusto (1183 -1223) trató de poner fin a la presencia
de los Plantagenet en Francia. Conspiró contra Enrique II de Inglaterra,
con sus hijos. Luchó contra Ricardo I Corazón de León,
y contra Juan Sin Tierra. Decretó la confiscación de todos
los dominios del rey inglés en Francia, por los que le rendía
vasallaje. En 1206 a Juan Sin Tierra sólo le quedaba, en Francia,
sus posesiones de Aquitania. Su derrota en Bouvines
,
en 1214, confirmó el dominio
de los Capetos sobre todo el noroeste francés.
Felipe II Augusto fijó su capital en París, la rodeó de una muralla y creó una Administración centralizada. Las instituciones de la Administración más importantes fueron: el Hotel, agrupación de los servicios domésticos de la casa real; la Curia Regia o corte feudal; el Parlamento, como tribunal supremo; la Cámara de Cuentas, para las finanzas; y el Consejo del Rey para consultar las decisiones. Creó, también, los bailíos, en 1190, agentes reales que se enviaban por todo el reino en nombre del rey para administrar justicia, reclutar huestes y recibir el homenaje de los pequeños vasallos.
Luis VIII (1223-1226) sucede a su padre en el trono y prosigue la ampliación territorial de los dominios de la corona, a costa de los ingleses y los aragoneses, en el sur. El sur estaba dominado, también, por los condes de Toulouse, con quienes emparentarán, asegurándose la cesión del territorio.
En 1226
sube al trono Luis IX (san Luis), en minoría
de edad. La regencia de su madre, Blanca de Castilla, no supuso grandes
revueltas nobiliarias. San Luis aporta un nuevo concepto
a la autoridad real, la idea de santidad ministerial en las funciones
de Estado. Esto suponía defender la supremacía
del poder temporal frente al papado. Su principal obra política
fue fortalecer la Administración. Su título
ya no será el de rey de los franceses, sino el de rey
de Francia, pues tenía bajo su dominio todo el territorio
francés. Las bailías se hicieron permanentes, y se dividió
el territorio en 20 bailías. Los bailes debían rendir cuentas
al final de su mandato.
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