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Inglaterra y el parlamentarismo

     En el siglo XI Inglaterra estaba controlada por los grandes condes, que no poseían grandes dominios, ni cargos públicos. Era un país plenamente feudal, muy fragmentado, en el que la monarquía tenía muy poco prestigio.

La invasión normanda

     En el año 1066 muere el rey de Inglaterra, Eduardo el Confesor, sin heredero. Dos aspirantes pugnan por el trono: Harold de GodwinsonPronunciado /hárold de góduinson/ con hache aspirada, jefe de la aristocracia anglosajona, y el duque de Normandía, Guillermo. Guillermo tiene un ejército más poderoso y conquista el trono por la fuerza, convirtiéndose en Guillermo I el Conquistador, rey de Inglaterra. Todavía tendrá que luchar por el territorio con Harold de HaardradaPronunciado /hárold de hádrada/ con hache aspirada, rey de Noruega. Guillermo I el Conquistador organizó el reino de Inglaterra según el modelo normando, imponiendo una jerarquía estrictamente feudal. La aristocracia anglosajona prácticamente desapareció, y Guillermo I se hizo, a su costa, un gran patrimonio territorial. Los feudos que entregó a los suyos estaban muy dispersos, y se reservó el derecho de levantar fortificaciones y de acuñar moneda. En los condados la autoridad real estaba representada por el sheriffPronunciado /shérif/, buscó el apoyo de la Iglesia e intervino en la designación de los obispos, y creó un Estado muy eficaz para su época.

     Al morir Guillermo I el Conquistador su reino queda dividido entre sus hijos: Normandía para Roberto, e Inglaterra para Guillermo II (1087-1100), que continuó la labor de su padre. A este le siguió Enrique I (1100-1136), que inicio su reinado concediendo una «Carta de Libertades», lo que implicaba una limitación del poder real, aunque no renuncia a nombrar obispos, lo que le traerá problemas con la Iglesia (con san Anselmo y con el papa), que se resolverán en 1107 en el Concordato de Londres/Worms: el rey otorgaba la investiduras de tierras y la Iglesia la dignidad espiritual. Durante el reinado de Enrique I la Administración central se desarrolla extraordinariamente, se sanea la hacienda y se crea el cuerpo de los exchequerPronunciado /exshéquer/, una sección de la Curia Regia especializada en asuntos financieros.

     Tras la muerte de Enrique I estalló una guerra civil por la sucesión al trono, entre Esteban de BloisPronunciado /blua/, que ejercerá de rey; y Matilde, hija de Enrique I y emparentada con la casa de Plantagenet. El país entra en un periodo de anarquía, que no se resolverá hasta que en 1153 se firme el pacto de WallingdorfPronunciado /güálingdorf/, por el que Esteban nombra sucesor al hijo de Matilde, Enrique II. Durante este periodo de anarquía, y de debilidad de la corona, la aristocracia inglesa se fortalece.

El Imperio angevino

     La herencia que recibe Enrique II es un auténtico imperio: Inglaterra, Normandía, el condado de AnjouPronunciado /anyú/ (angevino) y el condado de Bretaña. Además, se casó con Leonor de Aquitania con lo que se convirtió en rey en todo el suroeste de Francia. Enrique II fue el auténtico arquitecto del Estado inglés. Sus territorios tenían una cierta unidad cultural, la lengua de la corte y de la nobleza, era el francés. Enrique II volvió a someter a la nobleza inglesa, legislando a través de la assiesPronunciado /éisis/ Equivalentes a las pragmáticas, y creó una corte de servicios especializados, con lo que reforzó el Estado. Más problemas tuvo para someter a la Iglesia. En 1164 promulgó las Constituciones de ClarendonPronunciado /clárendon/, por las que se enfrentó al arzobispo de CanterburyPronunciado /cantérbury/, Thomas BecketPronunciado /zómas béket/ o /tómas béket/, y que le permitían controlar los cargos eclesiásticos. Esta cuestión no se resolvería hasta 1172 en la Reconciliación de Avranches que salvaba lo esencial de las Constituciones.

     Enrique II desarrolla la figura de los sheriff itinerantes, que imparten justicia en nombre del rey según la Common LawPronunciado /cómon loo/, y no el Derecho romano.

     Enrique II se enfrentará a los Capetos por el dominio de Francia, pero los problemas más graves vendrán de sus hijos: Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra, que desde 1173 no dejaron de conspirar contra él. Ricardo I Corazón de León, reinó entre 1189 y 1199, preocupándose, esencialmente, de la tercera cruzada, y de luchar contra Felipe Augusto en el continente.

El parlamentarismo

     Los últimos años del siglo XII ocupa el trono de Inglaterra Ricardo I Corazón de León. Este es un periodo de inestabilidad política. Ricardo I Corazón de León marcha a combatir en la tercera cruzada, y cae prisionero del duque de Austria en 1192. Pese a esto el proceso de centralización del poder prosiguió.

     En 1199 sube al trono Juan Sin Tierra. Juan había usurpado el trono durante el cautiverio de Ricardo I Corazón de León y contaba con todas las antipatías de la nobleza inglesa. No era un buen guerrero y perdió los dominios franceses ante Felipe II Augusto. La rebelión de los nobles contra él le obligó a firmar, en 1215, la Carta Magna, para mantenerse en el poder. La Carta Magna fue un documento donde se plasmó las limitaciones de una monarquía feudal. Era una declaración de derechos y costumbres feudales, pero también un documento nacional, puesto que a él se podía remitir todo el pueblo. La Carta Magna se cimienta en dos ideas básicas: la supremacía de la ley sobre la voluntad del monarca y la garantía de la libertad individual. No se podía actuar contra un individuo a no ser por las normas marcadas en la Common Law. El fortalecimiento de la nobleza que se produjo durante la ausencia de Ricardo I Corazón de León. Su unión le sirvió para imponer a Juan Sin Tierra la Carta Magna, y le obligó a cumplirla, a pesar de sus intentos de derogarla. Pero no sólo la alta nobleza se había independizado, sino también la nobleza media, que se alía con la burguesía urbana y las ciudades. Todos ellos aspiran a limitar el poder del rey y a tener una mayor representación en el gobierno del reino. La Carta Magna será condenada, y anulada, por el papa Inocencio III lo que le servirá a Juan Sin Tierra para que no entre en vigor.

     En 1216 muere Juan Sin Tierra, y sube al trono su hijo Enrique III, menor de edad, y se restaura la Carta Magna. El reinado de Enrique III tampoco es brillante. Cae derrotado ante los franceses y se somete al papado. En 1258 estalla la crisis entre Enrique III y la Curia. Los legados pontificios piden dinero y tropas a Enrique III para conquistar Italia. Enrique III convocó una reunión extraordinaria de la Curia, en parlamento (de donde saldría el término parlamento), y solicitó a cada miembro de la Curia 1/3 de sus bienes. La nobleza, acaudillada por Simón de Monfort, se rebeló y tomó el poder. Enrique III se sometió a la tutela de una comisión de 24 miembros, 12 elegidos por el rey y 12 por los nobles. Esta comisión impuso al rey la Provisiones de Oxford, según las cuales los altos funcionarios serían nombrados con el consentimiento del Parlamento, se reunirían tres veces al año, y se creaba un consejo financiero de 24 miembros. También habrá un control ministerial de 15, y una comisión permanente de 12. Nacía, así, el Parlamento.

     Enrique III trató de anular los acuerdos con la ayuda del papa y de san Luis, pero no fue capaz de someter a la nobleza, lo que condujo a una guerra civil. En 1264 Simón de Monfort hace prisionero a Enrique III y se entrega el poder a 3 electores y 9 consejeros reales. El poder quedó, de hecho, en manos de Monfort, que ejerció una dura dictadura, como senescal de Inglaterra. En 1265 reunió a un nuevo parlamento, en el que convocó a la nobleza, al clero y a los condados, Londres y puertos; con lo que el tercer estado entraba en el Parlamento. Pero en 1265 Monfort fue derrotado, y muerto, por el príncipe heredero Eduardo. Enrique III es restaurado y anula el Parlamento.
 

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