Al
morir Guillermo I el Conquistador su reino queda dividido
entre sus hijos: Normandía para Roberto, e
Inglaterra
para Guillermo II (1087-1100), que continuó la labor de su
padre. A este le siguió Enrique I (1100-1136),
que inicio su reinado concediendo una «Carta
de Libertades», lo que implicaba
una limitación del poder real, aunque no renuncia a nombrar
obispos, lo que le traerá problemas con la Iglesia (con san
Anselmo y con el papa), que se resolverán en 1107
en el Concordato de Londres/Worms: el rey otorgaba la investiduras
de tierras y la Iglesia la dignidad espiritual. Durante el reinado de Enrique
I la Administración central se desarrolla extraordinariamente,
se sanea la hacienda y se crea el cuerpo de los exchequer
,
una sección de la Curia Regia especializada
en asuntos financieros.
Tras la muerte
de Enrique I estalló una guerra civil
por la sucesión al trono, entre Esteban de Blois
,
que ejercerá de rey; y Matilde, hija de Enrique
I y emparentada con la casa de Plantagenet. El país
entra en un periodo de anarquía, que no se
resolverá hasta que en 1153 se firme el pacto
de Wallingdorf
,
por el que Esteban nombra sucesor al hijo de Matilde, Enrique
II. Durante este periodo de anarquía, y de debilidad de la
corona, la aristocracia inglesa se fortalece.
Enrique II desarrolla
la figura de los sheriff itinerantes, que imparten
justicia en nombre del rey según la Common
Law
,
y no el Derecho romano.
Enrique II se enfrentará a los Capetos por el dominio de Francia, pero los problemas más graves vendrán de sus hijos: Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra, que desde 1173 no dejaron de conspirar contra él. Ricardo I Corazón de León, reinó entre 1189 y 1199, preocupándose, esencialmente, de la tercera cruzada, y de luchar contra Felipe Augusto en el continente.
En 1199 sube al trono Juan Sin Tierra. Juan había usurpado el trono durante el cautiverio de Ricardo I Corazón de León y contaba con todas las antipatías de la nobleza inglesa. No era un buen guerrero y perdió los dominios franceses ante Felipe II Augusto. La rebelión de los nobles contra él le obligó a firmar, en 1215, la Carta Magna, para mantenerse en el poder. La Carta Magna fue un documento donde se plasmó las limitaciones de una monarquía feudal. Era una declaración de derechos y costumbres feudales, pero también un documento nacional, puesto que a él se podía remitir todo el pueblo. La Carta Magna se cimienta en dos ideas básicas: la supremacía de la ley sobre la voluntad del monarca y la garantía de la libertad individual. No se podía actuar contra un individuo a no ser por las normas marcadas en la Common Law. El fortalecimiento de la nobleza que se produjo durante la ausencia de Ricardo I Corazón de León. Su unión le sirvió para imponer a Juan Sin Tierra la Carta Magna, y le obligó a cumplirla, a pesar de sus intentos de derogarla. Pero no sólo la alta nobleza se había independizado, sino también la nobleza media, que se alía con la burguesía urbana y las ciudades. Todos ellos aspiran a limitar el poder del rey y a tener una mayor representación en el gobierno del reino. La Carta Magna será condenada, y anulada, por el papa Inocencio III lo que le servirá a Juan Sin Tierra para que no entre en vigor.
En 1216 muere Juan Sin Tierra, y sube al trono su hijo Enrique III, menor de edad, y se restaura la Carta Magna. El reinado de Enrique III tampoco es brillante. Cae derrotado ante los franceses y se somete al papado. En 1258 estalla la crisis entre Enrique III y la Curia. Los legados pontificios piden dinero y tropas a Enrique III para conquistar Italia. Enrique III convocó una reunión extraordinaria de la Curia, en parlamento (de donde saldría el término parlamento), y solicitó a cada miembro de la Curia 1/3 de sus bienes. La nobleza, acaudillada por Simón de Monfort, se rebeló y tomó el poder. Enrique III se sometió a la tutela de una comisión de 24 miembros, 12 elegidos por el rey y 12 por los nobles. Esta comisión impuso al rey la Provisiones de Oxford, según las cuales los altos funcionarios serían nombrados con el consentimiento del Parlamento, se reunirían tres veces al año, y se creaba un consejo financiero de 24 miembros. También habrá un control ministerial de 15, y una comisión permanente de 12. Nacía, así, el Parlamento.
Enrique
III trató de anular los acuerdos con
la ayuda del papa y de san Luis, pero no fue capaz de someter a la nobleza,
lo que condujo a una guerra civil. En 1264 Simón de
Monfort hace prisionero a Enrique III y se entrega el poder a 3
electores y 9 consejeros reales. El poder quedó, de hecho, en manos
de Monfort, que ejerció una dura dictadura,
como senescal de Inglaterra. En 1265 reunió
a un nuevo parlamento, en el que convocó a
la nobleza, al clero y a los condados, Londres y puertos; con lo que el
tercer
estado entraba en el Parlamento. Pero en 1265 Monfort fue
derrotado, y muerto, por el príncipe heredero
Eduardo. Enrique III es restaurado y anula el Parlamento.
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