La dinastía llega a España tras la muerte de Fernando V el Católico, que deja en herencia el trono de España a su nieto Carlos I, hijo de Felipe I el Hermoso y Juana I la Loca, heredero de la casa de Habsburgo, de la corona imperial con el nombre de Carlos V. Es, además, heredero de las coronas de Castilla, Aragón y Borgoña, a las que se añadirán los territorios de las Indias, recientemente descubiertas, Túnez y los Países Bajos, parte de la base territorial del Imperio.
El título
imperial se lo ha de disputar a Francisco I de Francia,
lo que le involucrará en diferentes guerras
por la corona imperial. Carlos V será coronado emperador,
finalmente, en 1519. Aunque las guerras no terminan
hasta la
paz de Crepy, en 1544. Una de las características
de los títulos ostentados por Carlos es la absoluta desvinculación
de la monarquía con el Imperio. En la Decisión
de Worms
de 1521 Carlos cede Austria a su hermano Fernando,
y por tanto la corona imperial. Es el comienzo de la formación
de la monarquía hispánica. El concepto de Imperio
era el de una monarquía universal y cristiana, que federase a todos
los reinos, pero lo cierto es que la corona imperial no tenía muchas
prerrogativas.
El heredero de Carlos I es Felipe II, que accede al trono de España en 1556 y que hereda el de Portugal en 1580, con todo su imperio. Este territorio estará vinculado a España hasta 1640. Se forma así el imperio más extenso de la historia, donde «no se pone el sol». Pero un imperio tan grande favorece la formación de alianzas antiespañolas de los demás países europeos.
Los Habsburgo
consolidan la monarquía absoluta, en la que
el
rey legisla, juzga y ejecuta. Él es la única fuente
de creación de leyes. Los monarcas del siglo XVI favorecen la recepción
del Derecho romano, que se convertirá en el modelo de derecho,
gracias a la labor de los letrados que se forman en
universidades; como las de Bolonia, Salamanca, París,
Palencia o Valladolid, y que serán quienes sostengan ideológicamente
a la monarquía absoluta. La recepción
significa, entre otras cosas, que el rey está sometido
a sus propias leyes. Las leyes se crean por medio de las pragmáticas,
que se publican en las distintas lenguas de los diferentes reinos y sólo
tiene
vigencia en los reinos en los que se publican. Estas pragmáticas,
generalmente, están destinadas a resolver problemas
concretos, y no suelen contradecir el Derecho romano.
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