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La España de los Austrias: Preámbulo

     La dinastía de los Austrias reina en España durante los siglos XVI y XVII. Los reyes de esta época son: Carlos I (1516-1556), Felipe II (1556-1598), Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700).

     La dinastía llega a España tras la muerte de Fernando V el Católico, que deja en herencia el trono de España a su nieto Carlos I, hijo de Felipe I el Hermoso y Juana I la Loca, heredero de la casa de Habsburgo, de la corona imperial con el nombre de Carlos V. Es, además, heredero de las coronas de Castilla, Aragón y Borgoña, a las que se añadirán los territorios de las Indias, recientemente descubiertas, Túnez y los Países Bajos, parte de la base territorial del Imperio.

     El título imperial se lo ha de disputar a Francisco I de Francia, lo que le involucrará en diferentes guerras por la corona imperial. Carlos V será coronado emperador, finalmente, en 1519. Aunque las guerras no terminan hasta la paz de Crepy, en 1544. Una de las características de los títulos ostentados por Carlos es la absoluta desvinculación de la monarquía con el Imperio. En la Decisión de WormsPronunciado /worms/ de 1521 Carlos cede Austria a su hermano Fernando, y por tanto la corona imperial. Es el comienzo de la formación de la monarquía hispánica. El concepto de Imperio era el de una monarquía universal y cristiana, que federase a todos los reinos, pero lo cierto es que la corona imperial no tenía muchas prerrogativas.

     El heredero de Carlos I es Felipe II, que accede al trono de España en 1556 y que hereda el de Portugal en 1580, con todo su imperio. Este territorio estará vinculado a España hasta 1640. Se forma así el imperio más extenso de la historia, donde «no se pone el sol». Pero un imperio tan grande favorece la formación de alianzas antiespañolas de los demás países europeos.

     Los Habsburgo consolidan la monarquía absoluta, en la que el rey legisla, juzga y ejecuta. Él es la única fuente de creación de leyes. Los monarcas del siglo XVI favorecen la recepción del Derecho romano, que se convertirá en el modelo de derecho, gracias a la labor de los letrados que se forman en universidades; como las de Bolonia, Salamanca, París, Palencia o Valladolid, y que serán quienes sostengan ideológicamente a la monarquía absoluta. La recepción significa, entre otras cosas, que el rey está sometido a sus propias leyes. Las leyes se crean por medio de las pragmáticas, que se publican en las distintas lenguas de los diferentes reinos y sólo tiene vigencia en los reinos en los que se publican. Estas pragmáticas, generalmente, están destinadas a resolver problemas concretos, y no suelen contradecir el Derecho romano.
 

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