Los reyes apoyan su poder en diversas instituciones, que afectan a todo el territorio, creando así los Estados nacionales. Son instituciones como el Consejo Real, formado, principalmente, por la nobleza y los letrados profesionales. Los reyes crean, también, ejércitos permanentes. Son ejércitos profesionales de mercenarios que guardan fidelidad al rey. Esto les libera de la dependencia militar de los señores feudales; pero son ejércitos muy caros, y están inmersos en continuas guerras. También se desarrolla la diplomacia, con los primeros embajadores permanentes en los reinos extranjeros. Los primeros embajadores los envía Venecia. Otra institución que se crea en esta época es la Administración de justicia, a la que se acude: primero a los alcaldes, y en última instancia a las Audiencias y a las Cancillerías. Esta Administración que sostiene el poder real se extiende por todos los reinos, y afecta a todo el territorio. Se crea una burocracia funcionarial, en la que los oficios son otorgados por el rey. En ocasiones estos oficios eran alquilados, o incluso vendidos por el titular; como la recaudación de impuestos, que solía ser alquilada porque costaba más recaudar los impuestos en distintas partes que lo que se iba a recaudar. El Estado nacional se caracteriza porque la legislación no está limitada por los fueros, las ciudades o a los señoríos, sino que se aplica en todo el territorio. Esto no quita para que cada estamento social, o cada asociación privilegiada, tenga sus leyes y sus jueces. La única institución cuya legislación es de aplicación en todos los reinos de una corona es la Inquisición, de la que se valen todos los reyes para unificar las leyes de su corona.
Para Maquiavelo el poder es la capacidad de obligar a otros a la obediencia. En el ejercicio del poder rechaza cualquier norma ética o moral en favor de la razón de Estado y la eficacia. Todo es válido en la práctica del poder.
Maquiavelo es partidario del Estado republicano, aunque en situaciones difíciles es necesario acudir a un príncipe que mantenga el orden. La anarquía es el peor de los males, y un príncipe es preferible a la anarquía. Existe un ciclo inevitable en las formas que adopta el Estado: monarquía, tiranía, aristocracia, oligarquía, democracia y anarquía, esta última fase ha de ser evitada con el recurso a un príncipe fuerte, con lo que se vuelve a la monarquía.
El príncipe ha de conservar todo el poder en sus manos, estudiar lo que la gente quiere; ha de emplear la violencia con medida y ha de mantener al pueblo contento, para lo cual, si es necesario, ha de instrumentalizar la religión para conseguir sus fines políticos. También puede utilizar la censura para evitar que el pueblo se corrompa, y ha de proporcionarle: educación cívica y amor a la patria. El príncipe ha de tener el apoyo del pueblo. En un principio apoyó la rebelión contra un príncipe cruel, pero cuando conoció las primeras rebeliones las condenó.
Para Maquiavelo un país es afortunado cuando tiene unas leyes que le hacen continuar como país, le sostiene y a las que todos están sometidos. Es un Estado de Derecho. Es necesaria la ley y la moral del pueblo, pero el príncipe está por encima de ella, en virtud de la razón de Estado y la eficacia política.
Hugo Grocio (1583-1645), es el gran defensor del Estado absoluto. Inaugura una nueva corriente sobre el Derecho natural, el iusnaturalismo inmanentista. Para él el hombre es social por naturaleza, por lo que las normas de convivencia que hay en la sociedad son naturales, e inherentes al ser humano, y constituyen objeto de derecho positivo. Estas normas, por el hecho de ser naturales, ni se pueden cambiar, ni se pueden discutir.
El Derecho natural y las normas legales del Estado necesitan de un soberano fuerte que garantice la expansión comercial, el orden y la paz. Se le considera como uno de los fundadores del Derecho internacional, junto con Vitoria. Hugo Grocio escribe El estado natural.
En la monarquía absoluta el rey está sujeto a sus propias leyes; ya que es monarca por derecho divino sus leyes son justas, y todos, incluso él, deben obedecerlas. Pero también hay un Derecho natural que no se puede saltar. La autoridad del rey, en muchos casos, está limitada por las Cortes que tienen que votar los impuestos; con lo que el rey depende de ellas para conseguir recursos. Un caso particular es el de Inglaterra, que a pesar del absolutismo de los Tudor, y de ser el rey quien dicta las leyes, estas sólo entran en vigor cuando las vota el Parlamento.
En el siglo
XVI política y religión están íntimamente ligadas,
no sólo porque esté en disputa la soberanía del papa
y la del rey o el emperador, sino porque el rey decide cuál
es la religión de sus súbditos. Las distintas formas
de concebir la religión implican diferentes concepciones del poder.
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