Francisco I
no se resigna a perder la corona e inicia una guerra por ella. España
y Francia se enfrentarán entre 1521 y 1524 en el milanesado
y en los Estados Pontificios. Francisco I es hecho prisionero en
1525, y trasladado a Madrid. Tras ceder Borgoña y el milanesado
es liberado con la condición de que renuncie a sus pretensiones
sobre la corona imperial. Pero Francisco I no cumple,
y apoya las revueltas religiosas en Alemania, y al
luteranismo, que se enfrenta con la concepción imperial. Francisco
I crea la Liga de Coñac en 1526 para luchar
contra el emperador, y en 1527 firma el Tratado
de Westminster
con Enrique VIII, con el que asalta Roma ese año.
Tras el saqueo de Roma Carlos V y Clemente VII firman la paz
de Barcelona, en 1529, con lo que el emperador se afianza en Italia.
Francisco I
llega a aliarse con Solimán, en 1528, para luchar contra el emperador.
En 1532 se crea la Liga de Smalkalda,
de los luteranos contra el emperador, y estalla una nueva guerra que dura
de 1530 a 1550, en la que el emperador pierde sus posesiones de Italia.
La revuelta de los caballeros renanos, y la de los
campesinos, genera una violenta represión que hará tambalear
la unidad del Imperio, la cual no se restablecerá ni con la victoria
imperial de Miuhlberg
en 1547. En 1552 estalla una nueva guerra entre Enrique
II, heredero de Francisco I, y Carlos V; en la que el ejército
imperial pone sitio a Metz y sale derrotado. Se invade Alemania
por el Rin, pero la guerra se desplaza a Italia. Esta guerra termina
en 1555 con la paz de Ausburgo. El emperador
tiene que aceptar la paz de Ausburgo, según la cual se
reconocen las dos confesiones, católica y protestante.
Francisco I ha muerto en 1547 y Carlos V abdica en 1555, pero sus herederos, Enrique II y Felipe II continuarán la disputa.
Mientras tanto, el Imperio turco llega a su máxima expansión y conquista los Balcanes, con Solimán al frente. Solimán llega a atacar las tierras de los Habsburgo, y asedia Viena en 1529, pero como está muy lejos de sus bases territoriales acaba fracasando y asegurándose su conquista de los Balcanes.
Entre 1555
y 1559 hay en Italia una especial animadversión
antiespañola, harta de guerras en los Estado
Pontificios. Los soberanos que se disputaban la corona imperial han desaparecido
y el papa Pablo IV consigue que se firme la paz de Cateau-Cambrésis
,
con la que se pone fin a la disputa imperial y se alcanza un cierto equilibrio
europeo.
Entre tanto, el luteranismo se ha extendido por Alemania y el calvinismo por Suiza y Francia, con los hugonotes. Felipe II se enfrenta con los turcos por el dominio del Mediterráneo, para lo que creará la Liga Santa y obtendrá la victoria en la batalla de Lepanto en 1571.
Estas guerras comienzan tras el Edicto de San Germán en 1556 que permite el culto reformado. Ese mismo año tienen lugar la matanza de Vassy. Enrique II muere en 1559, le sucede Francisco II que muere a los dieciocho meses de reinado. Carlos IX es el heredero y sólo tiene once años cuando accede al trono, en 1560. Pero Enrique III, rey de Navarra, protestante y pariente de Carlos IX, también tiene ambiciones políticas en Francia.
Se inicia una guerra civil por el trono entre partidarios de uno y otro: católicos y protestantes. La guerra alcanza su auge hacia 1572; año de la matanza de San Bartolomé. Durante la guerra mueren todos los herederos católicos al trono de Francia y debe convertirse en rey un protestante, Enrique III, que es asesinado en 1589. Sube al trono su hijo Enrique IV, también protestante, pero abjura del protestantismo en 1593, y se restablece la paz civil. En 1598 concede el Edicto de Nantes, por el que los hugonotes tienen libertad de conciencia y de culto, y acceso a todos los cargos públicos.
Durante la guerra,
los Países Bajos han recibido la ayuda de Inglaterra
por medio de la piratería, particularmente activa contra los convoyes
de las Indias, y en el canal de la Mancha. Drake
asalta Santo Domingo y Cartagena, en América, e incluso Cádiz
en 1587. En 1588 se crea la Armada Invencible
para invadir Inglaterra, pero la empresa fracasa.
Tras la paz
de Vervins, en 1598 con Enrique IV, se inicia un periodo de relativa calma
que se extiende de 1598 a 1618.
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