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La agricultura del siglo XVIII

     Uno de los grandes problemas de la historiografía del siglo XVIII es el de la revolución agrícola. La revolución agrícola fue una condición necesaria para que poco después se produjese la revolución industrial. Sin embargo, no está claro porqué se produjo esa revolución. Parece que hubo una época de buenas cosechas, lo cierto es que hubo un aumento de la producción, necesario para alimentar a una población que en esta época estaba aumentando. Este incremento de la producción es logra, sobre todo, gracias a una mayor roturación de tierras, ya que se invaden los comunales, los bosques y los baldíos.

     La agricultura sigue siendo fundamentalmente autárquica y de subsistencia, pero comienza a generar excedentes para alimentar a una creciente población urbana. Los nuevos productos americanos están totalmente integrados en la dieta humana, como la patata, el tomate o el maíz. Aparecen nuevas técnicas agrícolas que mejoran las cosechas, como la asociación de cultivos o el abono ganadero. Pero, sobre todo, aumenta la roturación de campos nuevos, lo que modifica el sistema agrícola. Esto, también significa que retrocede el barbecho, gracias al aumento del regadío, la utilización de abonos naturales y la asociación de cultivos, entre los que entra el forraje para el ganado. El sistema agrícola del Antiguo Régimen llega a su apogeo y desarrollo máximo.

     Las nuevas técnicas agrícolas permiten una mayor acumulación de capital, gracias a la creciente generación de excedentes y al aumento de los precios agrícolas. Este es un poderoso estímulo para roturar nuevas tierras.

     Las roturaciones afectan más a las tierras comunales que a los bosques, ya que el bosque sigue siendo un proveedor de productos para la aldea. La roturación de comunales genera continuos enfrentamientos con la aristocracia, y entre la burguesía terrateniente y los pequeños agricultores, que tenían en las tierras comunales una fuente extra de ingresos.

     La teoría económica dominante, en esta época, es la de los fisiócratas, que afirman que la riqueza de un país está, en última instancia, en su agricultura y los recursos naturales brutos.

     Esta es la época en la que se forman grandes empresas agrícolas capitalistas, que a finales del siglo comienzan a utilizar maquinaria; en Inglaterra y en Francia. En Gran Bretaña, a mediados de siglo, se impulsaría la revolución industrial gracias al traspaso de capitales, fuerza de trabajo y mercancías, de la agricultura a la industria. El cierre de los campos en Inglaterra facilita la creación de grandes empresas agrícolas, y la emigración a las ciudades de la población excedente.

     No obstante, los medios de transformación de los productos agrícolas, molinos, norias, etc., siguen estando en manos señoriales. Son importantes fuentes de ingresos. También, es necesario señalar que el desarrollo de la agricultura no es uniforme, hay importantes diferencias regionales debido, sobre todo, al desigual grado de industrialización y desarrollo económico.
 

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