El siglo XVIII es también la época en la que se estimula la creación de un mercado nacional, haciéndose inversiones en infraestructuras de transporte, todavía no en ferrocarril, y en industria, que se moderniza, aunque no se mecaniza hasta mediados de siglo en Inglaterra.
También se crean las haciendas públicas y los bancos en las ciudades importantes, que sólo tienen influencia en su ciudad, pero que terminarán siendo bancos nacionales. Algunos de ellos se conciben con la función principal de financiar al Estado.
La especialización productiva regional es acentúa en esta época. Prosperan los grandes mercados internacionales de Amberes en Holanda, Génova, Ginebra, Fráncfort, París, Londres, etc.
Sin embargo,
el talón de Aquiles del sistema financiero
fue su compromiso con el absolutismo. Esto le llevó a contraer grandes
deudas con él. Cuando cayó el absolutismo, cayó
con él el sistema financiero que lo sustentaba.
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