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Las redes financieras del siglo XVIII

     En el siglo XVIII la circulación de metales preciosos por toda Europa es muy importante, a pesar de que ya no hay un incremento significativo de oro y plata. Este aumento de la circulación de metales preciosos se debe al perfeccionamiento de los pagarés y del papel moneda, que garantizan la disponibilidad de dinero en metálico en cualquier ciudad sin necesidad de llevarlo consigo en el viaje. Además, la acumulación de capital, que captan los bancos, y las dificultades financieras del Estado, permite la emisión de deuda pública, lo que incrementa el capital circulante. Aparecen, en esta época, los préstamos a crédito. Estas novedades suponen el fin de las finanzas clásicas, debido al cambio de escala.

     El siglo XVIII es también la época en la que se estimula la creación de un mercado nacional, haciéndose inversiones en infraestructuras de transporte, todavía no en ferrocarril, y en industria, que se moderniza, aunque no se mecaniza hasta mediados de siglo en Inglaterra.

     También se crean las haciendas públicas y los bancos en las ciudades importantes, que sólo tienen influencia en su ciudad, pero que terminarán siendo bancos nacionales. Algunos de ellos se conciben con la función principal de financiar al Estado.

     La especialización productiva regional es acentúa en esta época. Prosperan los grandes mercados internacionales de Amberes en Holanda, Génova, Ginebra, Fráncfort, París, Londres, etc.

     Sin embargo, el talón de Aquiles del sistema financiero fue su compromiso con el absolutismo. Esto le llevó a contraer grandes deudas con él. Cuando cayó el absolutismo, cayó con él el sistema financiero que lo sustentaba.
 

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