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Las sociedades del bronce en España

     La Edad de los Metales comienza en la segunda mitad del 3er milenio, con el conocimiento del cobre, y posteriormente del bronce, que se utilizan para hacer útiles de trabajo y armas. Se refunden objetos inservibles. Pero, también, es la época de la mejor industria lítica, que se resiste a desaparecer. La periodo de transición se le llama Eneolítico. Se distinguen tres periodos: Bronce I o Edad del Cobre, hacia el 2500; Bronce II, hacia el 2000 y Bronce III, hacia el año 1000.

     El descubrimiento de la fundición de los metales crea nuevas relaciones sociales y nuevas culturas, radicalmente diferentes a las anteriores. La sociedad se jerarquiza internamente, y entre poblados. Es fundamental el control de las regiones mineras. El cobre no es un material ubicuo y su posesión da poder ante los demás. La lucha por controlar el territorio minero favorece la aparición de la agresividad y la guerra, pero también del comercio a larga distancia.

Clacolítico o Bronce I (2500-2000)

     Este es el periodo de las culturas megalíticas, que son enterramientos funerarios colectivos. Están formadas por grandes cajas de enormes lajas. Se distinguen tres tipos: tumbas, alineamientos rituales y simples menhires. Suelen tener un corredor, y las cámaras pueden ser individuales o colectivas.

     En el sureste se desarrolla la cultura de Los Millares, en la provincia de Almería, alrededor de una ciudad fortificada y con una necrópolis megalítica próxima. Los dólmenes son la construcción megalítica más emblemática. Existen indicios de que tuvo relaciones comerciales con Egipto y con el mar Egeo. Es la cultura peninsular más importante del momento.

     También en Portugal se desarrolló una cultura megalítica. Será de economía pastoril y se encuentra en torno a los yacimientos de cobre.

     En la costa mediterránea también se desarrolla una cultura en la que destacan las cuevas sepulcrales (faltan los megalitos), de economía agrícola, con poblados en los llanos.

     En el norte de la península se desarrollan culturas con megalitos, pobres, montañesas que subsistirán hasta muy entrado el Bronce pleno, de economía ganadera.

El Bronce II o Pleno (2000-1250)

     Durante el 2º milenio se desarrollan tres culturas en la península ibérica: la de El Argar, el bronce valenciano y la de Las Motillas, en La Mancha.

     La cultura de El Argar se extiende por el sudeste peninsular. Utiliza, ya, bronces de mejor calidad, y tiene un mayor número de piezas. Sólo las hoces de siega se hacen de sílex. Su economía se basa en la agricultura y en la minería, explotadas de forma intensiva. Los poblados están situados en los altos y rodeados de murallas, características de una sociedad guerrera. Cambian radicalmente los enterramientos, que se hacen individualmente o por parejas; no hay ya megalitos. Los enterramientos están dentro del poblado, debajo de la vivienda, en urnas de cerámica. Los restos artísticos son escasos, pero los que se conservan son de gran calidad técnica, aunque carecen, en general, de adornos.

     La cultura del bronce valenciano tienen características similares a las de El Argar, tanto en el poblamiento como en la cerámica, pero el enterramiento sigue haciéndose en cuevas naturales.

     El grupo de Las Motillas, refleja una intensa ocupación de La Mancha. Su economía se basa en la agricultura, y su sociedad es de carácter menos belicoso. Tienen contactos intensos con la cultura de El Argar. Su cerámica es pobre, pero está decorada. Los poblados están construidos sobre elevaciones de terreno, hechos por acumulación de estratos, parecidos a los tels asiáticos.

El Bronce III (1250-700)

     El Bronce III es la etapa en la que la cultura del bronce se extiende por toda Europa. Se caracteriza por el nacimiento y la difusión de la cultura de los campos de urnas. La cultura de los campos de urnas se considera de origen indoeuropeo, invaden Europa desde el norte y el este hacia el Mediterráneo, aniquilando las culturas autóctonas. En la península ibérica se asentarían esencialmente en el valle del Ebro. Sólo la fachada atlántica queda al margen de esta invasión.

     La cultura de los campos de urnas aparece en Europa hacia el 1250a.C., probablemente desde el centro de Europa, he implantó masivamente la costumbre de incinerar a los difuntos y guardar las cenizas en una vasija, que será enterrada en campos de urnas. El rito de la inhumación desaparece casi totalmente.

     Al parecer no se produce una sola invasión, sino tres, aunque las dos últimas corresponden a la Edad del Hierro. Las características de la cultura de los campos de urnas son similares a las del resto de Europa: las poblaciones están situadas en lugares estratégicos y fuertemente fortificadas; la sociedad es muy jerarquizada y dominada por una oligarquía guerrera; la economía es agraria, cerealista, en la que aparecen importantes novedades técnicas, como el arado, los molinos braquiformes, las hoces y azuelas, y los silos (de mucha importancia era la ganadería y la caza); y, por supuesto, la incineración y el enterramiento en urnas. La cerámica se caracterizará por las formas redondas, el color negruzco, el cuello alargado y la decoración cordada. El impacto de esta cultura sobre las autóctonas es demoledor, ya que sufren una rápida aculturación. Posiblemente haya un proceso de mestizaje.

     En la zona del Atlántico continúan desarrollándose las culturas megalíticas, aunque ya en franca decadencia. Estas culturas se caracterizan por la perfección de su metalurgia. Sin embargo, no son conocidos ni los enterramientos, ni el hábitat de estos pueblos. Esta zona tendrá relaciones comerciales con los fenicios y los griegos, que llegan hasta aquí en busca de estaño.

     En el interior de la península se encuentra el yacimiento de Cogotas I. Su signo distintivo es la cerámica de decoración cordada y forma troncocónica. Además, mantienen la inhumación como rito funerario.

     En Andalucía esta etapa es muy compleja, ya que se encuentran muchas culturas, y mantiene contactos directos con los fenicios y los griegos. Perduran las culturas existentes, como la de El Argar, aunque sus poblaciones están menos fortificadas, y su economía se hace más ganadera y más comercial. En la costa occidental se desarrollan los contactos entre todos los grupos del Atlántico, el Mediterráneo y los colonizadores, que basan su economía en el comercio de largo alcance. Sus poblados no tienen murallas, aunque están situados en lugares estratégicos de fácil defensa, y cerca de las vías de comunicación. Continúan teniendo enterramientos megalíticos.
 

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