Tema 3
Temario antiguo (1993)
La diversidad del medio geográfico en el planeta. La interacción de factores ecogeográficos

Última revisión abril del 2010.
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Concepto de diversidad *
Factores que influyen en la diversidad *

El suelo *
Tipos de suelo * Los suelos no evolucionados *
Los suelos poco evolucionados *
Los suelos evolucionados *
El clima *
La biocenosis *
Las grandes biocenosis terrestres * País polar y subpolar *
La tundra *
La taiga *
El país templado *
El bosque caducifolio *
El bosque mixto de planifolias y coníferas *
La fauna de los países templados *
El país templado cálido *
El bosque mediterráneo *
El bosque subtropical húmedo *
El país continental: la estepa *
El país árido *
El país tropical *
La estepa con espinosos *
El matorral espinoso tropical *
El bosque tropical seco y el bosque monzónico *
El país ecuatorial *
El bosque ombrófilo y semiombrófilo *
El manglar *
La sabana *
Modificaciones antrópicas de la biocenosis *
Bibliografía *

Tema

Concepto de diversidad

     La superficie de la Tierra no es uniforme, ni en toda ella existen las mismas características. El espacio isotrópico que utilizan, o suponen, los esquemas teóricos de localización es tan solo una construcción matemática del espacio.

     Para empezar existen en el planeta tres medios diferentes en los que se desarrolla la vida: la tierra, el agua y el aire. Son tres medios radicalmente distintos, en los que la adaptación de las especies al mismo les da características especiales y singulares. Pero aún más, dentro de cada uno de estos medios, y en función de sus irregularidades geográficas, se individualizan espacios con características diferentes, en los que se desarrollan formas endémicas de vida. Un endemismo es una especie exclusiva de un lugar. Estas formas, con ser abundantes, no son las únicas. En cada uno de estos espacios se desarrollan multitud de especies que viven entre dos medios. Además, hay especies, que interactuando unas con otras, cierran ciclos en los que se traspasa energía y materia de un sistema a otro, como el ciclo del sol o la cadena trófica.

     Cada uno de estos espacios en los que se desarrolla la vida de una forma equilibrada, entre animales, plantas, suelo y clima, se llama ecosistema. En él existen todos los intercambios necesarios para el mantenimiento de todas las especies. Pero cada ecosistema no está aislado de los que tiene a su alrededor, sino que por el contrario existen competencias entre ellos, formando zonas mixtas de transición, en las que las especies de diversos ecosistemas compiten por el espacio. Incluso, aunque los tres medios que existen en la Tierra parecen radicalmente distintos, tierra, aire y agua, no son independientes, ya que interactúan unos con otros para proporcionar oxígeno, agua, detritos y otros elementos que se intercambian entre los tres medios, haciendo que se modifiquen sus flujos de circulación, e incluso su aspecto y su relieve.

     Los ecosistemas en los que se cumplen todas las transferencias necesarias para su mantenimiento no tienen porqué ser permanentes, sino que se modifican con mayor o menor rapidez a lo largo del tiempo. Las condiciones climáticas, edáficas y de competencia por el medio entre las especies, pueden cambiar. El equilibrio se mantiene entre unos umbrales máximos y mínimos, traspasados los cuales comienzan a actuar unos procesos nuevos, hacia el establecimiento de otro ecosistema diferente. Este umbral no es el mismo para todas las especies de una biocenosis, pero será la especie dominante, o la que necesite un mejor estado del ecosistema, la que nos advierta sobre la posibilidad de un cambio irreversible. Este cambio es más frecuente, y delicado, en las zonas de transición entre ecosistemas.

Factores que influyen en la diversidad

     Los factores que influyen en la diversidad de la naturaleza, y cuyos umbrales son decisivos para establecer el equilibrio ecológico son: el suelo, el clima y la asociación entre especies, o biocenosis.

El suelo

     El suelo procede de la interacción de dos mundos diferentes, la litosfera y la atmósfera, y biosfera. El suelo resulta de la descomposición de la roca madre, por factores climáticos y la acción de los seres vivos. Esto implica que el suelo tiene una fracción mineral y otra biológica. Es esta condición de compuesto organomineral lo que le permite ser el sustento de multitud de especies vegetales y animales.

     La descomposición de la roca madre puede hacerse por disgregación, o factores físicos y mecánicos, o por alteración, o descomposición química. En este proceso se forman unos elementos muy pequeños que conforman el suelo, los coloides y los iones. Dependiendo del porcentaje de coloides e iones, y de su origen, el suelo tendrá unas determinadas características.

     La materia orgánica procede, fundamentalmente, de la vegetación que coloniza la roca madre. La descomposición de estos aportes forma el humus bruto. A estos restos orgánicos vegetales se añaden los procedentes de la descomposición de los aportes de la fauna, aunque en el porcentaje total de estos son de menor importancia.

     La descomposición de la materia orgánica aporta al suelo diferentes minerales y gases: amoniaco, nitratos, fosfatos, etc.; en su mayoría con un pH ácido. Estos son elementos esenciales para el metabolismo de los seres vivos y conforman la reserva trófica del suelo para las plantas, además de garantizar su estabilidad.

     El suelo se clasificar según su textura: fina o gruesa, y por su estructura: floculada, agregada o dispersa, lo que define su porosidad que permite una mayor o menor circulación del agua, y por lo tanto la existencia de especies vegetales que necesitan concentraciones más o menos elevadas de agua o de gases. El suelo también se puede clasificar por sus características químicas, por su poder de absorción de coloides y por su grado de acidez (pH), que permite la existencia de una vegetación más o menos necesitada de ciertos compuestos. Esta vegetación puede ser acidófila, halófila, etc.

     En el suelo se distinguen tres horizontes:

     El horizonte A en el que se encuentran los elementos orgánicos, finos o gruesos, y solubles, que han de ser lixiviados.

     El horizonte B en el que se encuentran los materiales procedentes del horizonte A. Aquí se acumulan los coloides provenientes de la lixiviación del horizonte A. Tiene una mayor fracción mineral.

     El horizonte C es la zona de contacto entre el suelo y la roca madre. La región en la que la roca madre se disgrega.

     Por sus características biológicas los suelos pueden ser:

     Suelos mull, o de humus elaborado. Tiene una actividad biológica intensa, sobre todo de la fauna y microorganismos que se alojan en el suelo y descomponen rápidamente la materia orgánica del mismo. Aparecen en regiones de temperatura elevada y humedad mediana. El suelo está bien aireado. La roca madre suele ser calcítica y la vegetación rica en nitrógeno.

     Suelos mor, o de humus bruto. Son suelos biológicamente poco activos. La vegetación tiende a ser acidificante, pobre en nitrógeno, y la roca madre silícica. La lentitud de los procesos de descomposición favorece que se forme un mantillo de materia orgánica mal descompuesta.

     Suelos moder, con un tipo de humus intermedio entre el mull y el mor. En realidad se trata de la degradación desde el bosque caducifolio a la pradera alpina.

     Suelos de turba, que son suelos formados en condiciones anaeróbicas, permanentemente cubiertos de agua. La fauna y la flora se reduce a especies microscópicas y pequeños hongos. La transformación de la materia orgánica es muy lenta, y se acumula en grandes cantidades. Las turbas pueden ser tanto ácidas como básicas. Según las condiciones climáticas y topográficas los suelos pueden variar de un tipo a otro.

Tipos de suelo

     Existen básicamente tres tipos de suelos: los no evolucionados, los poco evolucionados y los muy evolucionados; atendiendo al grado de desarrollo del perfil, la naturaleza de la evolución y el tipo de humus.

Los suelos no evolucionados

     Estos son suelos brutos muy próximos a la roca madre. Apenas tienen aporte de materia orgánica y carecen de horizonte B.

     Si son resultado de fenómenos erosivos, pueden ser: regosoles, si se forman sobre roca madre blanda, o litosoles, si se forman sobre roca madre dura. También pueden ser resultado de la acumulación reciente de aportes aluviales. Aunque pueden ser suelos climáticos, como los suelos poligonales de las regiones polares, los reg (o desiertos pedregosos), y los ergs, de los desiertos de arena.

Los suelos poco evolucionados

     Los suelos poco evolucionados dependen en gran medida de la naturaleza de la roca madre. Existen tres tipos básicos: los suelos ránker, los suelos rendzina y los suelos de estepa.

     Los suelos ránker son más o menos ácidos y tienen un humus de tipo moder o mor. Pueden ser fruto de la erosión, si están en pendiente, del aporte de materiales coluviales, o climáticos, como los suelos de tundra y los alpinos.

     Los suelos rendzina se forman sobre una roca madre carbonatada, como la caliza, y suelen ser fruto de la erosión. El humus típico es el mull y son suelos básicos.

     Los suelos de estepa se desarrollan en climas continentales y mediterráneo subárido. El aporte de materia orgánica es muy alto, por lo que el horizonte A está muy desarrollado. La lixiviación es muy escasa. Un tipo particular de suelo de estepa es el suelo chernozem, o brunizem o las tierras negras; y según sea la aridez del clima pueden ser desde castaños hasta rojos.

Los suelos evolucionados

     Estos son los suelos que tienen perfectamente formados los tres horizontes. Encontramos todo tipo de humus, y cierta independencia de la roca madre. Los suelos típicos son: los suelos pardos, lixiviados, podsólicos, podsoles, ferruginosos, ferralíticos, pseudogley, gley y halomorfos (solonchaks, alcalinos, solonetz y solods).

     Los suelos pardos son típicos del bosque templados y el tipo de humus es mull.

     Los suelos lixiviados son típicos de regiones de gran abundancia de precipitaciones en el clima templado. El tipo de humus también es mull.

     Los podsoles son suelos de podsolización acentuada; es decir, tienen gran acumulación de elementos ferruginosos, silicatos y alumínicos en el horizonte B. La lixiviación arrastra estos elementos del horizonte A al B. El humus típico es el mor.

     Los suelos podsólicos tienen una podsolización limitada. Son de color ocre claro o rojizo. El tipo de humus es mor. Tanto este como el anterior son típicos de los climas templados.

     Los suelos ferruginosos se desarrollan en los climas cálidos con una estación seca muy marcada. A este tipo de suelo pertenece el suelo rojo mediterráneo. Se caracterizan por la rubefacción de los horizontes superficiales.

     Los suelos ferralíticos se encuentran en climas cálidos y muy húmedos. La roca madre está alterada y libera óxidos de hierro, aluminio y sílice. Son suelos muy lixiviados. Estos suelos pueden tener caparazón si se ven sometidos a la erosión o a migraciones masivas de coloides.

     Los suelos gley son suelos hidromorfos, en los que los procesos de descomposición de la materia biológica se hacen de manera anaeróbica, y la carga orgánica es abundante y ácida. Se encuentran en condiciones de agua estancada. Es un suelo asfixiante, poco propicio para la vida. La presencia de agua es permanente, como ocurre en la orilla de los ríos y lagos. Es de color gris verdoso debido a la presencia de hierro ferroso.

     Los suelos pseudogley son semejantes a los gley; pero la capa freática es temporal, por lo que se alternan los períodos húmedos con los secos. Este suelo y el anterior suelen tener humus de turba.

     Los fenómenos de hidromorfia son los responsables de la lixiviación de los suelos y de la capacidad de estos para contener vida en las épocas secas. Si la hidromorfia no es muy acusada tendremos otro tipo de suelo.

     Los suelos halomorfos presentan abundancia de cloruro sódico, ya sea de origen marino o geológico. Según el grado de saturación y de lixiviación se distinguen:

     Suelos solonchaks, que aparecen en regiones con una estación muy seca, debido a los fenómenos de migración ascendente de los coloides salinos, y no tiene horizonte B.

     Suelos alcalinos, que aparecen en climas ligeramente más húmedos, se trata de suelos solonchaks que reciben aportes de agua dulce.

     Los suelos solonetz son alcalinos y reciben aportes minerales y orgánicos producto de la lixiviación. Estos coloides forman un horizonte B salino, pero el horizonte A está menos saturado.

     Y suelos solods que tienen una lixiviación más intensa que los solonetz, lo que permite que se produzcan fenómenos de podsolización.

El clima

     La posibilidad de desarrollo de una especie depende, también, del clima. El clima depende de la cantidad de radiación solar, por unidad de superficie, que se recibe en una determinada latitud, y su posición respecto a las masas de agua. Esta cantidad de radiación solar disminuye según aumenta la latitud, lo que permitió a los griegos establecer tres tipos de clima: frío, templado y cálido. Pero esta concepción del clima se basa en el estado medio de la atmósfera. Sin embargo, tan importante como los valores medios de la temperatura y la humedad, es la sucesión de tipos de tiempo, y esto es lo que define el clima, lo que permite el desarrollo de las especies y marca su ritmo vital.

     Uno de los factores más importantes del clima, que nos interesa, es la humedad, la presencia de agua en el ambiente, y la frecuencia y el carácter de las precipitaciones. La cantidad de agua en el aire por metro cúbico no es lo que más interesa (humedad absoluta), sino la humedad relativa, es decir la diferencia entre la cantidad de agua que contiene el aire y la que puede contener, para una determinada temperatura. Se mide en tantos por ciento. Una alta humedad relativa, cercana al punto de saturación, permite el aprovechamiento del agua del aire por parte de las plantas.

     Otro factor importante del clima es el régimen de vientos, pues en función de su procedencia y su velocidad puede hacer cambiar las condiciones teóricas de temperatura y humedad, y variar, así, la distribución de la biocenosis.

     En buena medida el viento, pero también la temperatura y la humedad, dependen de la topografía. En términos generales la temperatura disminuye un grado cada vez que se sube 100 m, para masas de aire no saturadas, (0,5 ºC para masas de aire saturadas). Como la humedad absoluta no varía en la misma medida, el descenso de la temperatura hace aumentar la humedad relativa. Además, la posición de las laderas en solana o umbría incide en la cantidad de radiación solar que reciben. Estas condiciones permiten la formación de topoclimas dentro de un clima zonal determinado. Su influencia se deja sentir, también, en la recepción de luz y el fotoperíodo, y en el régimen de vientos.

     La continentalidad es otro factor  fundamental que define el clima, sobre todo, porque la lejanía de las grandes masas de agua dificulta que llegue aire húmedo hasta estas regiones. Las masas de aire menos saturadas son menos eficaces a la hora de conformar el efecto invernadero, por lo que la amplitud térmica diaria es muy acusada y la vegetación debe soportar estas temperaturas tan extremas (que por otro lado se producen es un sólo día).

     Pero además, el propio desarrollo del suelo y la vegetación modifican las condiciones de humedad y temperatura de una región, la recepción de luz y el régimen de vientos, creando fitoclímax y pedoclímax estables que se alimentan a sí mismos, definiendo topoclimas e incluso microclimas.

La biocenosis

     Todos los animales, vegetales y microorganismos que viven en un determinado país forman un biosistema. Sus relaciones de dependencia, alimentación y desarrollo forman comunidades que llevan el nombre de biocenosis. Una biocenosis es, pues, todos los seres vivos que coexisten en un país y las relaciones que se establecen entre ellos.

     Dentro de cada biocenosis existe, como norma general, una especie vegetal que destaca sobre las demás por su presencia y abundancia. Esta especie se desarrolla casi independientemente de su cortejo. El cortejo lo forman todas las especies que comparten unas condiciones generales de vida. Son especies subseriales que para su supervivencia dependen de la existencia de la especie dominante. Cuanta más variedad haya en el cortejo más sana es la biocenosis; y más garantías tiene de permanecer.

     Cada especie dominante permite el desarrollo de una gama determinada de plantas subseriales. De todas ellas destaca el cortejo florístico, que presenta plantas tan características de la biocenosis como la especie dominante. Son precisamente las plantas las que definen la biocenosis, por su carácter de especies vivas inmóviles; y son estas las que permiten el desarrollo de una determinada fauna.

     En la biocenosis se dan diferentes grados de sociabilidad, dependiendo de la densidad de especies de un mismo tipo en un lugar. Según el grado de sociabilidad tendremos: poblamiento puro, colonias, matojos e individuos.

     Cada comunidad biocenótica tiene una estructura horizontal, la sociabilidad, y una estructura vertical, o estratificación. En la estratificación distinguimos diferentes pisos: arborescente, superior e inferior, arbustivo, subarbustivo, herbáceo, criptogámico, e incluso subterráneo si tenemos en cuenta la rizosfera. La vitalidad de una biocenosis depende de su heterogeneidad, de la cantidad de pisos que tenga y de la presencia de individuos de la especie dominante en todos ellos.

     Entre las especies se establecen diferentes tipos de relaciones de interdependencia, que pueden ser: de competencia, por el espacio, el alimento, la luz, o el agua, o de dependencia. Las relaciones de dependencia pueden ser muy estrechas y distinguimos el comensalismo, la simbiosis, el parasitismo y la predación.

     Pero las relaciones más importantes que se establecen las encontramos en la cadena trófica. En una comunidad biocenótica existen especies productoras, que utilizando la energía solar y las reacciones químicas minerales convierten la materia inorgánica en orgánica. Especies consumidoras que se alimentan de otros seres vivos. Las especies consumidoras pueden ser: de primer orden, los herbívoros; de segundo orden los carnívoros que se alimentan de herbívoros; y de tercer orden, los carnívoros que también se alimentan de carnívoros. Y por último especies descomponedoras: animales grandes que se alimentan de carroña, de restos de cadáveres orgánicos; y microosganismos que convierten la materia orgánica en materia inorgánica, cerrando el ciclo.

     Las complejas relaciones que se establecen entre los elementos de la biocenosis suponen que la introducción de un elemento ajeno a ella, o la desaparición de algún elemento de la misma, provoca el desequilibrio de todo el sistema.

     A las relaciones que establecen estas comunidades con el medio: el clima, la litología, el agua, el suelo, y el topoclima, se le llama ecosistema.

     Los ecosistemas tienden al equilibrio entre las comunidades biocenóticas y el clima y el suelo. Cuando se alcanza el equilibrio con el clima zonal decimos que se ha alcanzado el clímax climático. Sin embargo, si el equilibrio se alcanza con las condiciones locales de suelo y topoclima decimos que se alcanza un clímax local. Cuando alcanzan el equilibrio las especies vegetales tenemos un fitoclímax y cuando posteriormente lo hace el suelo tenemos un pedoclímax. Aunque primero se alcanza el fitoclímax y luego el pedoclímax los dos procesos son paralelos.

     Las biocenosis no constituyen sistemas fijos sino que pueden evolucionar en función de las condiciones ambientales que definen el ecosistema. Es posible que por el trastorno de las condiciones locales, el complejo biocenótico tenga una regresión, que puede hacerse irreversible si se traspasan los umbrales mínimos o máximos de la especie dominante.

Las grandes biocenosis terrestres

     Si tenemos en cuenta las diferencias climáticas de la superficie terrestre podemos definir para cada una un complejo biocenótico con un ecosistema característico. Distinguiremos cinco países: polares y subpolares, templados, áridos, tropicales y ecuatoriales.

País polar y subpolar

     Estas son las regiones frías de la Tierra. Aquí nos encontramos con dos tipos de biocenosis: la tundra y la taiga.

La tundra

     La tundra se encuentra en torno a los 80º de latitud. Dominan las plantas herbáceas, los líquenes y hongos, y algunos arbustos hacia el Sur. Faltan, pues, los árboles.

     La falta de calor hace que los suelos estén permanentemente helados (permafrost), lo que impide el desarrollo de la vegetación. El corto período vegetativo y la escasez de las precipitaciones, unido a los fuertes vientos y al acortamiento del fotoperíodo no hace la región favorable para la vida.

     El poblamiento animal es muy pobre, ya que tampoco son abundantes las especies vegetales. Deben tener pieles gruesas y grandes reservas de grasas. Predominan el oso blanco, el buey almizclero, los renos, los caribús, el zorro, las gaviotas, las morsas, la foca y el pingüino. Estas especies se ven forzadas a la emigración o a la hibernación durante el invierno. El suelo helado no permite la vida subterránea. Los animales que viven en latitudes más altas deben procurarse su alimento en el mar, ante la ausencia de plantas.

La taiga

     La taiga aparece sobre la isoterma de los +10 ºC del mes más cálido. En estas condiciones nos encontramos con el bosque boreal de coníferas. Píceas, pinos y abetos son las especies dominantes. Las temperaturas más altas y la mayor humedad permiten el desarrollo de podsoles. Aunque en los sitios más desfavorecidos aparecen turberas.

     La vegetación de coníferas es perennifolia por lo que el aporte orgánico al suelo es muy escaso y ácido. Esto implica que el cortejo florístico sea muy pobre; predominan los abedules, álamos, mimbres, alisos, serbales, etc.; y las criptógamas: como líquenes, helechos y musgos.

     La fauna es variada, en la que predominan las especies invertebradas, insectos y gusanos. Muchos animales recurren a la emigración o a la hibernación para pasar en invierno. Encontramos carnívoros como el lince, el zorro, el lobo, la marta, el visón o la comadreja; herbívoros como el reno, el ciervo o el alce. Y roedores como el conejo, el ratón o la liebre. Además del oso.

El país templado

     Esta es la región de los climas templados propiamente dichos. Aquí nos encontramos con: el bosque caducifolio, típico de Europa, y el bosque mixto de planifolias y coníferas.

El bosque caducifolio

     Encontramos el bosque caducifolio en torno a los 40º y los 55º de latitud. El clima típico tiene un régimen térmico moderado, precipitaciones abundantes y bien distribuidas a lo largo del año, y cuatro estaciones bien definidas.

     En el bosque caducifolio predominan los suelos pardos poco o nada lixiviados y con humus mull o moder. Predominan las especies leñosas caducifolias: roble, haya y carpe. El sotobosque es más abundante que en la taiga. La ausencia de hojas en los árboles al comienzo de la primavera permite el crecimiento de especies heliófilas como avellanos, majuelos, rosales y cornejos. También encontramos especies perennifolias como el tejo, el acebo y el boj. Además de helechos, musgos y líquenes.

     Las especies dominantes son: el roble, ya sea en poblaciones puras o mixtas. Ocupan las llanuras y el piso basal de las montañas, con predominio de suelo pardo con humus moder. El robledal se degrada en una landa oceánica de especies xeromorfas como los brezos, la retama, o las gramíneas típicas de su sotobosque. El haya, que exige mayor humedad atmosférica, predomina en el piso montano y en las llanuras más húmedas, y prefiere el humus mull. El haya deja pasar muy poca luz por lo que su sotobosque es más pobre; en el que predominan los helechos. Y el carpe, que se sitúa en las regiones intermedias, entre el roble y el haya.

     Existen otras especies secundarias de porte arborescente, como los fresnos, los tilos, los olmos y los arces, que abundan en los bosques galería.

El bosque mixto de planifolias y coníferas

     Esta es una formación mixta y de transición entre la taiga y el bosque caducifolio. La encontramos en climas más contrastados, con inviernos rigurosos. Las especies dominantes son el haya, el carpe y las coníferas.

     Según sea de riguroso el clima las especies se encontrarán en posición dominante o en el sotobosque.

     En el hemisferio sur el bosque mixto posee un sotobosque lujuriante lleno de helechos arborescentes, lianas y epífitos. Existen coníferas propias del hemisferio austral como la araucaria.

La fauna de los países templados

     La fauna de los bosques templados también está sometida al ritmo de las cuatro estaciones. Los fenómenos más característicos son la hibernación y la migración.

     La fauna es abundante y variada, batracios, reptiles y roedores como la ardilla y los ratones; insectos y gusanos que remueven el humus; excavadores como el topo; herbívoros como ciervos y jabalíes; carnívoros como los tejones, zorros, linces, lobos, y omnívoros como el oso pardo; y aves de todas clases, que son particularmente migratorias. Este tipo de fauna también la encontramos en los países templados cálidos.

El país templado cálido

     Esta es también una zona de clima templado, pero ya en la zona de transición con los climas tropicales. La encontramos entre los 30º y los 40º de latitud, y suelen tener una estación árida. En ella podemos diferenciar dos biocenosis fundamentales el bosque mediterráneo y el subtropical húmedo.

El bosque mediterráneo

     El clima mediterráneo, y su bosque asociado, se sitúa en la fachada occidental de los continentes, hacia los 30º y los 40º. Se caracteriza por los inviernos templados, los veranos secos y otoños y primaveras con abundantes precipitaciones. El suelo dominante es el rojo mediterráneo y el pardo, y la terra rossa relicta.

     La vegetación típica es xerófila, ya que tiene que soportar la aridez estival. La especie dominante es la encina y en las zonas más húmedas el roble. El sotobosque es leñoso, espinoso y aromático, con especies perennifolias como el lentisco y el aladierno. En el cortejo florístico aparecen especies como el tomillo, el madroño, el romero, las jaras, etc.

     En las zonas de contacto con el país templado encontramos alcornoques y robles. En el hemisferio austral, y en el contacto con la estepa seca, aparecen los eucaliptos.

     El país mediterráneo ha estado poblado desde muy antiguo, y la intervención en la biocenosis ha sido decisiva para formar el paisaje y el medio. El bosque se degrada en garriga, dominada por la coscoja, maquia y estepa mediterránea, dependiendo de la importancia de la degradación. En California, que el bosque mediterráneo está mezclado con las suculentas de origen americano, se degrada en chaparral. En la península ibérica existe un tipo de aclarado del bosque mediterráneo conocido como dehesa.

El bosque subtropical húmedo

     El clima subtropical húmedo se encuentra aproximadamente en la misma latitud que el mediterráneo, pero en la fachada oriental de los continentes. Debido a esto los inviernos son más fríos y carece de una estación árida. En realidad se trata de una transgresión del clima monzónico y de los vientos alisios en el litoral hacia el norte, por lo que las temperaturas son más suaves y contrastadas.

     Aquí aparecen las especies como el laurel, las magnolias, las camelias y los cerezos. Pero también encontramos las especies típicas del bosque caducifolio como el haya, el roble, el arce, el abedul, el tilo, el castaño, el fresno, el olmo, etc., que forman su sotobosque.

El país continental: La estepa

     El clima continental genera formaciones de estepa, en la que dominan las gramíneas y escasean los árboles. La estepa la encontramos en el interior de los grandes continentes. El clima se caracteriza por la escasez de las precipitaciones y las temperaturas muy contrastadas, por lo que la vegetación es pobre y xerófila.

     El suelo típico de la estepa es el chernozem, el brunizem y las tierras negras, muy ácidas y con gran aporte de nitrógeno procedente de las gramíneas. En la estepa se distinguen: la pradera, la pradera mixta y la llanura, dependiendo de la densidad de las gramíneas.

     La fauna está en equilibrio precario con la escasa biomasa. Encontramos herbívoros como el bisonte, las gacelas, los caballos y los gamos; especies excavadoras, muy importantes para mantener aireado el suelo, como lombrices, topos, hormigas, etc.; reptiles como serpientes y lagartos, insectos como avispas, o langostas; aves diversas y algún carnívoro como el lobo, el coyote o el zorro; y roedores como los conejos, los hámsters, etc.

El país árido

     El país árido contiene varias características limitantes para el desarrollo de la vegetación, los suelos y la fauna; falta el agua, las temperaturas son extremas y los vientos fuertes y violentos.

     Los suelos apenas existen, son esqueléticos, muy poco desarrollados, grises, rojos y salados, y los evolucionadas son suelos halomorfos o ferruginosos. Pero lo que predominan son los reg y los erg. Sólo los oasis tienen suelos más evolucionados.

     La vegetación es xerófila y halófila; muy pobre y difusa. Predominan las gramíneas, el agave, el cactus, la yuca, la sosa, el anabasis, la pistacia, la acacia, el tamarix y la palmera. Son muy frecuentes los endemismos, tanto vegetales como los animales. La mayor parte de las especies tiene hojas espinosas y tallos suculentos.

     La fauna también es escasa. Ha de adaptarse al calor y a la falta de agua y alimentos. Predominan los camellos, las gacelas, los escorpiones y los reptiles. Muchos de los animales se defienden del calor con la actividad nocturna o crepuscular. Hay animales como el coyote, los insectos, los murciélagos, etc. También se da la estivación de muchas especies, durante el verano.

El país tropical

     El país tropical se caracteriza por tener dos estaciones, una seca y otra húmeda, pero además las temperaturas son altas durante todo el año. Distinguiremos la estepa con espinosos, el matorral espinoso tropical y el bosque tropical seco y monzónico.

La estepa con espinosos

     Esta formación aparece en los climas cálidos con pocas lluvias. Predominan los suelos ferruginosos, encostrados y los poco desarrollados del tipo pardo de estepa.

     La vegetación es un matorral discontinuo y xerófilo. Encontramos especies como las acacias espinosas, los balanites, las azufaifas o los cactos.

El matorral espinoso tropical

     Esta formación aparece en regiones en las que la estación lluviosa es algo más alargada. Predominan los suelos ferruginosos, que pueden tener coraza en las regiones secas, y estar bien lixiviados en las regiones húmedas.

     La vegetación pasa a ser leñosa, xerófila y con formaciones más cerradas, con un aspecto de monte bajo impenetrable. En Brasil este matorral se llama caatinga. También se encuentran especies caducifolias. Encontramos plantas como las bombaceas y cactos, de carácter tropófilo. Este carácter tropófilo implica que cuando llega la época de lluvias le acompañe una explosión de vitalidad.

El bosque tropical seco y el bosque monzónico

     Este bosque aparece en regiones en las que la estación húmeda es tan larga, o más, que la seca. Los suelos son tanto ferruginosos como ferralíticos. Es una región muy humanizada, por lo que frecuentemente el bosque está degradado.

     Predominan las especies de hoja caduca, que la pierden durante la estación seca, y el sotobosque de xeromorfos. El estrato arborescente es muy denso, y está formado por árboles de tronco grueso y largo. El estrato herbáceo es muy pobre, sin embargo la actividad agrícola, y el uso de la roza y el fuego, ha aumentado su presencia. Encontramos leguminosas arborescentes, las malváceas y los baobabs.

     El bosque monzónico presenta características similares a las del bosque ecuatorial, debido a la gran abundancia de lluvias y a la estabilidad térmica. Aquí encontramos especies como la teca y el bambú, y un sotobosque lujuriante lleno de lianas. La fauna es, fundamentalmente, la misma que aparece en el país ecuatorial.

El país ecuatorial

     El clima ecuatorial se caracteriza por las altas temperaturas y las frecuentes precipitaciones, pero además, por su estabilidad. Los suelos más comunes son los ferralíticos, a menudo con caparazón, muy lixiviados, con poco humus y ácidos. Distinguiremos los bosques ombrófilos y semiombrófilos, el manglar y la sabana.

El bosque ombrófilo y semiombrófilo

     La biocenosis ecuatorial se caracteriza por su infinita variedad. Muchas de las especies no se conocen.

     El bosque ombrófilo (lauriisilva o pluviisilva) aparece en condiciones hídricas óptimas, por lo que la vegetación es de hoja ancha aunque perenne. El bosque semiombrófilo aparece en regiones en las que algunos meses al año las precipitaciones son menos abundantes, y la vegetación puede perder su hoja. Sin embargo, no todas las especies pierden la hoja al mismo tiempo, por lo que no hay estaciones marcadas. Este tipo de vegetación se adentra en otros dominios a través de los bosques galería.

     Los bosques ecuatoriales son densos y exuberantes. No hay una especie que domine. Las especies son muchas pero con pocos individuos de cada una, esto da al bosque ecuatorial un aspecto anárquico. Encontramos: lauriisilva, caoba, bosé, bambú, eucaliptos, ocume, hevea, etc. Y en el sotobosque lianas, orquídeas, leguminosas y millones de especies más. Sin embargo, la luz que llega al suelo es muy poca, por lo que la competencia por la luz es muy intensa.

     La fauna es tan variada como la vegetación, encontramos: monos, grandes reptiles, cocodrilos, leones, panteras, cotorras, tucanes, simios, perezosos, ardillas, insectos, arácnidos, etc. Una de las características más destacadas de la fauna es que ocupa todos los estratos de la biocenosis.

El manglar

     Esta es una formación que aparece en el país intertropical, asociada a los limos que los grandes ríos depositan en las desembocaduras con el mar. Tiene, pues, suelos salados y crecen continuamente. El mangle es la especie endémica y dominante. Tiene un aspecto de bosque denso y bajo. Se caracteriza por las raíces aéreas; posibles gracias al alto grado de humedad existente.

La sabana

     La sabana se encuentra en las inmediaciones del bosque ecuatorial, en las regiones que ya tienen una estación seca. Aún es discutido cuál es el origen de la sabana: si es una degradación natural del bosque ecuatorial o es labor del hombre. La duda persiste porque las grandes sabanas se encuentran en las regiones pobladas desde antiguo, mientras que en los países nuevos la sabana casi no existe.

     En las sabanas predominan las gramíneas, y encontramos diseminados algunos árboles, que además presentan un xeromorfismo muy acentuado. En regiones más húmedas aparece un matorral, frecuentemente endémico, de baobabs, palmeras o eucalipto. Durante la estación seca la sabana es regularmente incendiada para conseguir tierras de cultivo.

     La fauna es muy variada. Este es el dominio de los grandes herbívoros y carnívoros: elefantes, hipopótamos, jirafas, cebras, gacelas, rinocerontes, búfalos, antílopes, leones, leopardos, tigres, lobos, chacales, hienas, buitres; e infinidad de aves, reptiles, batracios, insectos, arácnidos, etc. Muchos de estos animales emigran durante la estación seca, en grandes manadas.

Modificaciones antrópicas de la biocenosis

     A lo largo de la historia la humanidad ha sabido utilizar diferentes especies de la naturaleza como recurso para procurarse alimento, vivienda, vestido, medicinas y confort. Pero de todas las que hay sólo unas pocas especies le sirven como recurso natural. Cuando el hombre descubre que puede cultivar esas especies en lugares determinados y a ritmos definidos comienza una transformación del medio natural tan intensa y decisiva que se ha convertido en parte indispensable del equilibrio ecológico de la biocenosis.

     Las primeras modificaciones vienen de la mano de la agricultura y la ganadería. La necesidad, o posibilidad, de concentrar en un espacio las especies que sirven de alimento permite aumentar la productividad, pero para ello es necesario limpiar el bosque de otras especies; para que se desarrollen sólo las que nos interesan. El fuego y la roza son las primeras técnicas utilizadas en este proceso. Si bien en un principio no era necesario quitar los pies de troncos quemados, lo que permitía la rápida reconstrucción del bosque, el avance tecnológico del arado y la azada sí lo hizo necesario (además de posibilitarlo), con lo que se impedía la reconstrucción completa del bosque, y la recuperación del suelo; que era necesario dejarlo descansar en barbecho. Además, la población se hizo estable y dividió el espacio circundante en pagos, de los cuales unos se cultivaban y otros descasaban en períodos más o menos largos. Estos pagos podían ser utilizados como pasto para el ganado, que de paso los abonaba con sus excrementos.

     No todas las sociedades desarrollaron este sistema mixto de agricultura y ganadería. Los países arroceros de Asia tendrán espacios diferenciados para la agricultura y la, casi inexistente, ganadería. Tampoco faltarán los países ganaderos, donde los suelos son pobres para la agricultura, que sólo aparecerá de forma marginal.

     Pero no era la agricultura y la ganadería el único recurso de estos pueblos. El monte proporcionaba madera, frutos, pastos y multitud de recursos, que estaban al alcance de todos. El bosque era tan vital para la economía doméstica como el espacio agrícola, por eso se fue cuidando y modificando en un proceso de aclaramiento, cuyo máximo exponente es la dehesa del clima mediterráneo. Este proceso supuso la selección de determinadas especies, que llevó a la introducción de especies alóctonas en países donde no existían los frutos considerados como recurso. Este es el caso de la introducción del castaño en Asturias en época de los romanos, que con el tiempo ha conseguido integrarse perfectamente en el biosistema, pero también de las especies americanas introducidas en Europa, las europeas en América, o el eucalipto, que no se ha adaptado tan bien.

     El equilibrio de esta economía era precario, puesto que se trataba un régimen de subsistencia en el que se consumía todo lo que se producía; apenas había excedentes para el mercado. El aumento de la población implicaba la roturación de las tierras marginales y el monte, para conseguir tierras de cultivo, aunque de peor calidad.

     La intensidad de este proceso fue tal que en él pueden estar los orígenes de algunas sabanas, estepas y sin duda del paisaje agrario que conocemos.

     En Europa el clímax de este proceso se alcanza en el siglo XVIII, cuando el aumento de la población supuso la práctica roturación de toda la superficie, dejando el monte en una situación precaria, y en los sitios más inaccesibles. Este es el origen del desarbolado paisaje castellano, manchego, extremeño o andaluz.

     Pero en el siglo XIX aparece el modo de producción capitalista industrial. Se mejoran los transportes, aumenta la productividad de la tierra con las nuevas tecnologías, aparece el mercado mundial, y las regiones tienden a especializarse en la producción de unos pocos productos, ya que el resto se pueden conseguir en el mercado, buscando las ventajas comparativas y las economías de escala.

     Esto implica una nueva selección de especies cultivadas, menos variada. Además, el monte pierde su tradicional utilidad, e incluso su gestión por parte de los pueblos que lo utilizan. La menor variedad de especies supone una ruptura del equilibrio biocenótico, las plagas se multiplican y los rendimientos pueden disminuir si las condiciones no son óptimas. Además, la población aumenta. La ciencia viene en ayuda de la agricultura con abonos químicos, pesticidas y especies modificadas genéticamente. La agricultura se ha convertido en una industria donde se persigue el máximo beneficio en el menor tiempo posible, lo que supone, en muchas ocasiones, la explotación de un recurso por encima de su tiempo de recuperación. Así se esquilman los recursos de los bosques y los mares.

     Durante los años 50 y 60 del siglo XX este proceso se intensifica. Se comienzan a utilizar masivamente abonos, pesticidas, herbicidas, la selección genética de las especies con híbridos y mejoras de laboratorio. Con todo ello la producción aumenta espectacularmente. Es la llamada revolución verde, que pretendió acabar con el hambre en el mundo.

     Lamentablemente las especies que se beneficiaron de la revolución verde fueron las que entraban dentro de la dieta de los países desarrollados, no de los subdesarrollados. El empleo masivo de productos químicos bajó la calidad de los productos, e incluso se debió prohibir el uso de determinados pesticidas, como el DDT, por ser perjudiciales para la salud humana. Pero lo más grave fue que la utilización de estos avances científicos esquilmó la tierra de muchos países. En los delicados ecosistemas de transición entre el desierto y el bosque tropical el monocultivo de determinadas especies supuso el arrasamiento del bosque, y la creación de una agricultura especulativa de plantación que provocó auténticas crisis ecológicas, ya que sobrepasaron los umbrales de los ecosistemas y dieron paso a procesos morfogenéticos de tipo árido. Es el caso de todos los pueblos y países cuya riqueza depende del precio en el mercado internacional de uno o dos productos como el café, el plátano, la hevea, el coco, etc.

     Sin duda es necesaria la explotación de recursos de una manera equilibrada; estudiando los umbrales máximo y mínimo de los diferentes biosistemas y especies que queremos aprovechar; procurando una explotación que garantice la recuperación de la especie utilizada, así como la de todas sus asociadas. Esta es la única forma para que el desarrollo económico sea sostenible; sin necesidad del abandono de la explotación de las tierras y las especies. No es posible un desarrollo sostenido sin un desarrollo sostenible. La actividad antrópica está tan unida al medio natural que probablemente el abandono de la explotación del medio significaría una crisis ecológica de dimensiones no deseables.

Bibliografía

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